Dime lo homofóbico que eres y te diré lo homosexual que puedes llegar a ser

La dimisión de Wes Goodman no es más que el último acto ¿coherente? de cientos de hipócritas, en su mayoría religiosos, conservadores y por supuesto de derechas (lo que no quiere decir que no haya ejemplos en el banquillo opuesto), que tras defender a ultranza la discriminación homosexual terminan por salir del armario por la puerta de atrás demostrando que cuanto más homofóbico eres más probabilidades tienes de ser hoosexual.

Jackeltuerto • 19/11/2017

Dime lo homofóbico que eres y te diré lo homosexual que puedes llegar a ser | Foto: Youtube

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La homosexualidad deja de ser una enfermedad mental en 1990 por gentileza de la Organización Mundial de La Salud, lo que no quiere decir que elimine la homofobia de esa misma lista. Ni mucho menos. Muchos somos, de hecho, los que consideramos que las personas más homofóbicas son en realidad personas homosexuales que o bien no han terminado de asumir su verdadera orientación sexual, o siendo conscientes de ella se resisten a salir del armario por cuestiones sociales, políticas, culturales o económicas, lo que les lleva a arremeter contra sí mismos.

La última víctima de este comportamiento es Wess Goodman, político republicano, conservador, católico y casado con una persona del sexo opuesto, pero que habría sino pillado in fraganti por una de sus propias empleadas cuando practicaba formas de coito con una persona de su mismo sexo en su despacho de Ohio (cabe la posibilidad de que, indirectamente, quisiera que le pillaran) a pesar de haberse declarado en contra de los derechos de las personas homosexuales (como él) y favor del «matrimonio natural» entre un hombre y una mujer, como el suyo que ha resquebrajado tras incumplir uno de los mandamientos de la ley de Dios: el adulterio, lo que le ha llevado a dimitir de su cargo.

Todos sabemos que no es la primera vez que suceden este tipo de cosas, y que tampoco será la última. Si ya sabemos que hay muchos que escupen para arriba y les cae en la cara, por lo que en uno de esos ejercicios de escarnio que tanto se llevan últimamente me propongo sacar del armario, bueno, más bien del baúl de los recuerdos que del armario salieron a base de polvos, a personas que se autoproclamaron homofóbicas para terminar descubriéndose como homosexuales. Que raro que la mayoría sean de católicos de derechas.

El príncipe Alberto y su afición a los chaperos

No está claro que el príncipe Albert Victor Christian Edward, duque de Clarence y Avondale fuera homofóbico, al contrario, parece ser que frecuentaba un lupanar gay de la calle Cleveland, en Londres, pero claro, no era muy frecuente a finales del siglo XIX reconocer tu orientación sexual, mucho menos si estabas destinado a sentarte el trono, cosa que evita finalmente una neumonía.

Ted Haggard, el predicador converso que tiraba de anfetaminas

De predicador evangélico a asesor de George Bush, pasando por fundar varias iglesias pero que termina renunciando (o siendo destituido) de todos sus puestos tras ser pillado consumiendo anfetamina tras solicitar los servicios de un chapero, Mike Jones, cosa que, evidentemente niega inicialmente, para terminar confesando sus secretitos superando (o no) tres semanas de terapia intensiva supervisada por cuatro ministros. ¿Alguien cree que consigue «curarse»? Evidentemente, es uno sólo de los miles de casos de personas religiosas que trste y lamentablemente tergiversan aquello de «dejad que los niños se acerquen a mi», de ahí que al final no deje de ser inevitable pensar en la pederastia cuando te cruzas con un cura.

Bob Allen y un afroamericano irresistible que resultó ser policía

La combinación de sol y playa es lo que tiene, que por muy racista y conservador que seas acabas rindiéndote ante un cuerpo tostado y musculoso, tal y como le pasa al republicano Bob Allen, que no puede resistirse a ofrecerle una mamada a un afroamericano en los cuartos de baño de un parque público (de esos en los que en algunos sitios no dejan entrar a personas transexuales), que resulta ser un oficial de policía encubierto (el sueño de muchas). La excusa no tiene desperdicio pues termina diciendo que se siente intimidado por la musculatura del policía y su oferta no es otra cosa que una manera de persuadirle de otras cosas que no hace falta que el policía explique porque sabemos que son fruto de la clara desesperación de conseguir unos míseros fluidos por parta de un político que se había empeñado en legislar en contra de las personas homosexuales.

Roberto Arango y las aplicaciones de citas gays

Cubano de nacimiento por azar, casado (con una mujer) y con un hijo (demostando que a su semen no le pasa nada) por tradición cultural, senador republicano de Puerto Rico por elección popular y usuario de aplicaciones de citas gays por elección personal después de burlarse de otro candidato al congreso por ser supuestamente homosexual, y ya de paso sacarle del armario a la fuerza, para después dejarse la piel intentado la prohibición del matrimonio igualitarios en los Estados Unidos. Luego que no se queje de cuando otros políticos de similar ausencia de escrúpulos sacaran a la luz las fotografías privadas de su perfil de Grindr, en las que no escatimaba en evidenciar su vocación de pasivo con una instantánea de su culo.

Mikhail Ivan Gllatinov & Marc Gllatino: los tiernos malotes salvajes

He aquí un ejemplo claro de ese tipo de malotes que se ensañan con maricones en su empeño por ocultar su orientación sexual. Encarcelados por delitos homofóbicos y hasta asesianto, ambos terminan saliendo del armario entre rejas para llegar incluso a contraer matrimonio.

Mikhail Ivan Gllatinov & Marc Gllatino | Foto: Uso permitido

Miriam Blasco y señora: el roce hace el cariño

Oro en judo femenino en Barcelon 92, la atleta Miriam Blasco cambia el deporte por la política para instalarse en las filas del homofóbico Partido Popular, llegando incluso a votar desde su escaño de senadora a favor del veto a la ley del matrimonio igualitario en España. Cosas que tiene la vida que si ves en una película cuestionas que hayan sucedido, la señora Blasco termina contrayendo matrimonio con otra mujer, Nicola Fairbrother, la misma atleta a la que arrebata la medalla de oro en los Juegos Olímpicos, que por aquello del roce hace el cariño, comienzan una relación sentimental tras revolcarse juntas por los suelos a la vista de todo el mundo.

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