Enfermo de VIH se enfrenta a deportación a Venezuela a pesar de crisis de abastecimiento de antirretrovirales

A Ricardo Querales le diagnostican VIH positivo años después de que le concedieran el estatus de refugiado por motivos políticos, consiguiendo el permiso de residencia, que le revocan tras cumplir una sentencia de 30 días por posesión de drogas. Ante la crisis de abastecimiento de medicamentos contra el VIH solicita la paralización de su deportación por causas humaniarias.

Luis M. Álvarez • 06/02/2018

Ricardo Querales Facebook | Foto: Uso permitido

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«Me dijeron: ahora quiero que me traigas un ticket de avión y tu salida voluntaria de Estados Unidos. Y les respondí: tú me estás mandando a la muerte », asegura a los funcionarios de inmigración estadounidenses Ricardo Querales, de 43 años de edad, a quien la Administración de Donald Trump planea deportar a su país de origen, Venezuela, a pesar de una crisis de abastecimiento de antirretrovirales, lo que pone en riesgo su vida al ser VIH positivo. «Esto es anti derechos humanos. En Venezuela, no hay medicina y todos los días desaparece alguien con SIDA», denuncia el venezolano cuando acude a la oficina de inmigración este lunes, 5 de febrero.

«Hay una crisis muy grave en Venezuela, y si tiene VIH y no hay drogas allí, debería pedirles que no lo saquen del país por razones humanitarias», aconseja Marcial De Sautu, abogado de inmigración que ha presentado una petición para suspender la orden de deportación contra Querales por motivos humanitarios, explicando que el país latinoamericano atraviesa por un período de escasez de alimentos y medicinas, mientras que el gobierno niega cualquier crisis y persigue a los manifestantes y disidentes con alarmante severidad.

Distintas organizaciones han estado informando del incremento de pacientes con VIH que fallecen debido a la falta de antirretrovirales. Según un informe del año pasado, habría hasta 77.000 pacientes con VIH en riesgo de quedarse sin tratamiento en el país gobernado por Nicolás Maduro. «En los depósitos ya no hay medicamentos antirretrovirales para el año 2018 (…). Mi mejor amigo allá tiene tres meses sin su medicamento», segura Alberto Nieves, director de Stop VIH: Acción Ciudadana contra el Sida. Aunque el gobierno venezolano ofrece algunas protecciones para la comunidad LGBT, lo cierto es que la situación progresa lentamente, denunciando que muchas personas afectadas no han tenido otra opción que emigrar por su propia seguridad.

Huyendo de la inseguridad y la persecución política, Querales llega a Miami en 2003 y solicita el asilo un año después, que le conceden así como el permiso de residencia, siendo diagnosticado de VIH en 2006. Desde entonces, el VIH se ha extendido por la comunidad latinoamericana de Miami en un 70 %, según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés. Centers for Disease Control and Prevention), alertando de que en 2016 la zona sur de los Estados Unidos representa el 53 % de los nuevos diagnósticos de sida, seguido de lejos por la zona noroeste occidental, con un 17 %, y el medio oeste con un 13 %.

Tras conocer el diagnóstico, Querales cae en una depresión, incrementada por la soledad y el aislamiento de encontrarse lejos de su casa y su familia, lo que le lleva a refugiarse en el abuso de drogas. En 2009 es condenado a 30 días de cárcel por cargo grave de posesión de sustancia controlada y dos cargos menores por posesión de parafernalia para consumo de drogas que la policía descubre en su domicilio cuando van a interrogarle por el fallecimiento por sobredosis de un amigo en su coche, que le había pedido prestado.

Es arrestado por segunda vez durante una redada cuando se encuentra en el domicilio de otro amigo al que había ido a visitar. A pesar de que en esta ocasión no le acusan de ningún crimen, las autoridades le entregan al departamento de inmigración. Tras seis meses detenido, revocan su estatus de refugiado, firmando un juez de inmigración la orden de su deportación en 2011, suspendiéndose posteriormente como resultado de la crisis en Venezuela.

«Quiero una segunda oportunidad porque mi vida a cambiado 100%. Ahora tengo un trabajo estable y una vida estable (…). Soy un ciudadano reformado, un trabajador decente que cometió errores en el pasado y ya no soy drogadicto (…). Me dijeron que no me deportarían porque no hay medicinas para mi tratamiento en Venezuela. Mi plan es quedarme aquí, luchar hasta el final», declara Querales, asegurando que permanece limpio desde hace cinco años. El próximo 22 de febrero tiene una nueva cita con inmigración.

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