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Enfrascada en su guerra contra la droga, Filipinas fracasa en la guerra contra el VIH

El presidente Rodrigo Duterte declaró la guerra contra las drogas, que combate con medidas fuertemente criticadas por la comunidad internacional, pero ahora le piden que tome cartas contra otra guerra, la del VIH que se ha disparado en Filipinas, teniendo como víctimas principales a los homosexuales.

Luis M. Álvarez • 09/12/2016

Enfrascada en su guerra contra la droga, Filipinas fracasa en la guerra contra el VIH | Foto: Youtube

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«Matando a los criminales si hace falta», aseguraba el actual presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, en su campaña electoral, promesa que no sabemos si ya ha cumplido después de que alrededor de 1900 personas, entre presuntos narcotraficantes y drogadictos, hayan perdido la vida a manos de las fuerzas de seguridad o grupos de vigilancia desde el 1 de julio, cuando jurara su cargo como presidente y emprendiera su particular guerra contra la droga. Una política por la que ha sido criticado tanto por algunos miembros de la Naciones Unidas como por distintos grupos en defensa de los derechos humanos, como los que ahora le piden haga frente a una de las epidemias más graves de VIH que está teniendo lugar en el Pacífico asiático, de la que habrían alertado anteriormente, pero que estaría alimentada por las políticas oficiales que limitan la intervención de grupos externos y evitando deliberadamente el suministro de preservativos para las relaciones sexuales entre hombres en lo que ¿podría denominarse una guerra contra los gays?

Duterte ya apuntaba a maneras en su campaña electoral y no ha defraudado una vez ha comenzado su mandato como presidente. En su particular guerra contra las drogas llega a ofrecer 38.000 euros a quien delate a policías corruptos después de compararse con el propio Adolf Hitler; se aleja de los Estados Unidos para estrechar lazos con China después de llamar «hijo de puta» a Barack Obama; y ha prometido que moderaría su lenguaje después de que Dios se lo haya pedido personalmente. Pero escuchar a Dios no implica necesariamente hacer oídos sordos a organizaciones internacionales como Human Rights Watch, que denuncian en un informe que el número de hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres infectados por VIH se ha duplicado en los últimos cinco años sin que el gobierno haya puesto medidas preventivas entre los homosexuales.

La religión católica que profesan hasta un 80 % de los filipinos es gran parte de la herencia que dejaron los españoles tras cuatro siglos de colonización. Si a esto sumamos que la educación para prevenir el contagio del Sida es insuficiente, que apenas existen puntos de distribución oficiales de preservativos en Filipinas, ni de manera gratuita ni comercial, llegando a prohibirse su distribución en algunas localidades, y que para acceder tanto a los preservativos como para poder hacerse análisis de VIH, los menores de 18 de edad necesitan autorización de sus padres, entenderemos las causas que han llevado a un aumento del 100 % de nuevos casos de VIH en el país asiático entre 2001 y 2015.

Entre enero de 1984 y octubre de 2016 se han registrado 38.114 casos de portadores del VIH, lo que supone algo menos del 1 % de una población de poco más de 100 millones de habitantes, pero la tasa de aumento es alarmante si tenemos en cuenta que 32.099 de esos casos están registrados en el último lustro, por lo que se estima que a finales de este año la cifra podría ascender hasta los 55.000 pacientes, a un ritmo estimado de 26 nuevas infecciones al día, de las que el 87 % serían personas homosexuales.

«El gobierno tenía un buen historial de lucha contra el VIH-SIDA, pero están básicamente peleando la última guerra (…). Todavía se están centrando en las trabajadoras sexuales y sus clientes cuando en realidad la epidemia ha cambiado, pero el enfoque del gobierno no está cambiando y es necesario que lo haga o de lo contrario esto quedará realmente fuera de control», declara Phelim Kine, director adjunto de HRW para Asia, quien no descarta el apoyo del presidente filipino, quien habría expresado su apoyo al colectivo LGBT durante su campaña electoral.

Paulyn Ubial, Secretaria de Salud ha declarado que su departamento tiene previsto distribuir preservativos en las escuelas con la coordinación del Departamento de Educación, entre otras medidas que están considerando. Pero según Carlos Conde, investigador de HRW en Filipinas, el gran problema que tienen es el gran arraigo del catolicismo en la cultura filipina. La investigación concluye que los jóvenes homosexuales han sido objeto de ridículo cuando compran condones en las farmacias y se enfrentan al estigma cuando acuden a clínicas de higiene social que proporcionan condones gratuitos a las trabajadoras sexuales. El informe de HRW recomienda la abolición de las restricciones legales que prohiben a los jóvenes menores de 18 años comprar condones o hacerse pruebas de VIH sin el consentimiento de sus padres, una mejor educación sexual en las escuelas e imponer sanciones a los municipios que se niegan a cumplir las leyes que garantizan la distribución pública de anticonceptivos, incluyendo preservativos.

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