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Ganan un proceso tras denunciar una situación de acoso y discriminación en un instituto de Oregón

Liv Funk y Hailey Smith ganan un proceso por el que se destituye de su puesto laboral al director de su instituto y se inician una serie de medidas inclusivas tras un proceso de dos años de acoso y discriminación por manifestar de manera pública que mantienen una relación sentimental.

Luis M. Álvarez • 24/05/2018

Una pareja gana un proceso tras denunciar una situación de acoso y discriminación en un instituto de Oregón | Foto: Youtube

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Poco pensaban Liv Funk y Hailey Smith que mostrar abiertamente su amor al cogerse de la mano por los pasillos del North Bend High School, en Oregon, les iba a acarrear una situación acoso escolar que se ha prolongado por algo más de dos años, siendo descrita como «uno de los peores casos de discriminación escolar» al estar implicados estudiantes, profesores y hasta un oficial de policía que se suponía tenía que velar por la integridad de los alumnos. Tras un intenso proceso, este lunes, 21 de mayo, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU por sus siglas en inglés: American Civil Liberties Union) ha llegado a un acuerdo el distrito escolar por el que se decide que el director del instituto, Bill Lucero, debe ser destituido no solo de su cargo sino también de su trabajo.

El Departamento de Educación del estado de Oregón ha encontrado «evidencia sustancial de discriminación y otras violaciones de la ley estatal y federal» en el centro de enseñanza secundaria de North Bend, por lo que el Departamento de Policía de North Bend también debe destituir a Jason Griggs, un oficial de recursos escolares que llega a decirle a Funk que iría al infierno por ser homosexual, así como el Distrito Escolar de North Bend permanecerá bajo supervisión por parte del Departamento de educación de Oregón durante 5 años con el objetivo de desarrollar políticas de capacitación para prevenir la discriminación.

«Envía un mensaje claro a todos en el distrito. Si se viola la ley al discriminar a los estudiantes LGBTQ o al participar en proselitismo religioso en la escuela, hay graves consecuencias», declara Mat dos Santos, director legal de la ACLU en Oregon. Las miradas y los comentarios suspicaces comienzan el primer día de clase, hace ahora más de dos años, cuando la pareja decide mostrar pública y abiertamente, pero de manera silenciosa con el sencillo gesto de cogerse de las manos. Si bien habían valorado que no iba a ser fácil, al residir en una pequeña ciudad costera, no esperaban que se convirtiera en lo que un profesor de derecho de la la Facultad de Derecho de la Universidad de Willamette en Salem, llega a denominar «uno de los peores casos de discriminación escolar que había visto».

«La gente me daba la espalda y simulaba toser» mientras le insultaban, asegura Funk, de 18 años en la actualidad, explicando que el hostigamiento comienza en 2015, cuando acaba de empezar su segundo año de instituto mientras que Smith, de 19 años actualmente, estaba en aquel entonces en su tercer año de instituto. «Si sucede que me sentara al lado de una chica, montaban un número para alejarse», explica Funk, mientras que Smith alumna de tercer año en ese momento, asegura que tras aprender a pensar en lo que les estaba pasando, comienza a preocuparse por su integridad física el día que, saliendo del campus para almorzar, el director del centro conduce hacia ellas por el estacionamiento de la escuela para insultarles.

«Pensábamos que iba a golpearnos», asegura la joven sobre un incidente que marca un punto de inflexión en la situación de acoso a la que están siendo sometidas, asegurando que es ese momento cuando se da «cuenta de que la discriminación y las opiniones de las personas aquí son realmente tan fuertes que alguien podría salir lastimado (…). Podría lastimarme por ser yo misma». Según relata la pareja, la profesora de educación cívica de Smith llega a decirle delante de sus compañeros de clase que el matrimonio entre personas del mismo sexo es «más o menos lo mismo» que casarse con un perro.

La pareja denuncia estos dos episodios y otro similares, pero no solo no consiguen que se tomen medidas, sino que les explican que «todo el mundo tiene derecho a su propia opinión», lo que tampoco les sorprende dado que el director del centro llega a obligar a once compañeros a leer la Biblia como si fuera un «castigo» después de que reconocieran ser bisexuales. Los incidentes y «bromas» se van acumulando e intensificando, llegando Funk a vivir un tenso episodio cuando es inmovilizada contra la pared en un cuarto de baño para ser insultada; dos alumnos las atacan físicamente en un camino cerca del instituto, golpeándoles con su monopatín a una de ellas en el tobillo y después en la mano derecha cuando trata de protegerse por lo que llega a recibir asistencia médica.

«Impresionante, pero no sorprendente en retrospectiva», es la respuesta que un oficial de recursos del instituto les da cuando acuden a denunciar su situación, al decirles que deben prepararse para situaciones como esas si tienen la intención de ser miembros activos de la comunidad LGBT. «Dijo que ser gay era una elección, y era en contra de su religión. Dijo que tenía amigos homosexuales, pero como yo era un homosexual abierto, me iría al infierno», asegura Funk. La pareja presenta entonces una queja ante el Departamento de Educación de Oregón, que al hacerse pública se destapan otras situaciones de discriminación experimentadas por exalumnos, profesores y personal del instituto, que interponen sus propias denuncias.

Según la ACLU, a un niño transgénero se le niega el permiso para jugar en el equipo masculino de baloncesto; los alumnos del equipo de natación son obligados a alinearse en función de su tono de piel; tras pedir que no utilicen el adjetivo peyorativo 'neggar' para dirigirse a él, un estudiante afroamericano es insultado de forma habitual por sus compañeros, entre ellos el propio hijo del director, quien también ha participado en agresiones contra Funk y Smith: y un estudiante de intercambio de España es «galardonado» con el premio «Best Mexican» por el equipo de natación, en el que es particularmente habitual el acoso y la discriminación racial.

«El Distrito ha estado, y seguirá estando, comprometido a mejorar su entorno escolar para todos los estudiantes, incluidos los LGBTQ», aseguran desde el Distrito Escolar, manifestando su satisfacción con la resolución del caso de Funk y Smith. Como parte del acuerdo, la escuela secundaria creará un comité sobre diversidad e inclusión, y también celebrará el Coming Out Day (Día de salir del armario), la Ally Week (semana de los aliados) y un premio anual de diversidad. Ni Smith ni Funk han solicitado una compensación económica, únicamente han pedido que el instituto haga una donación de 1.000 dólares a Q&A, un grupo local de apoyo a la comunidad LGBT del condado de Coos. «Cuando lleguen los estudiantes de primer año en otoño, quiero que tengan una experiencia diferente: un instituto donde todos se sientan bienvenidos y seguros, sin importar quiénes sean o de quién sean las manos que cojan», declara satisfecha Funk.

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