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La investigación rusa sobre la purga de homosexuales en Chechenia no encuentra nada, ni gays siquiera

El ministro de justicia ruso, Alexander Konovalov, defiende ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU que la investigación para esclarecer las denuncias relacionadas con la purga masiva de homosexuales en Chechenia, que aseguran no ha tenido lugar, así como que tampoco hay gays en la pequeña Federación Rusa gobernada por Ranzam Kadyrov.

Luis M. Álvarez • 16/05/2018

La investigación rusa sobre la purga de homosexuales en Chechenia no encuentra nada, ni gays siquiera | Foto: Youtube

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Hace poco más de un año saltaba la noticia de la cruel persecución a personas homosexuales en Chechenia por parte de los funcionarios de Ramzan Kadyrov. Si bien la administración rusa quiso mirar para otro lado, la presión internacional le lleva a formar una comisión de investigación en la que muchos quisieron ver un mero acto de propaganda para contentar a occidente. Un punto de vista que parece confirmarse con las declaraciones que el ministro de justicia ruso, Alexander Konovalov, vierte ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU este lunes, 14 de mayo, negando que se haya producido persecución alguna o que incluso haya personas homosexuales en Chechenia, lo que coincide sospechosamente con la versión que en su día ya diera Alvi Kamirov, portavoz del gobierno checheno, que repetiría el propio Kadyrov para la HBO.

«La investigación mostró que ni siquiera hubo incidentes de ese tipo (…). Ni siquiera había representantes del colectivo LGBTI en Chechenia, no pudimos encontrar a nadie», asegura Konovalov, contradiciendo los informes de los numerosos grupos que luchan por los derechos LGBT y del periódico ruso Novaya Gazeta, que aseguran que al menos 200 personas homosexuales y bisexuales habrían sido retenidas contra su voluntad, llegando a producirse hasta 26 asesinatos en los campos de concentración a los que han sido confinados los detenidos. Informes que sí han tenido en cuenta en países como Francia, Bélgica, Alemania y Canadá, que no han dudado en acoger a los refugiados que huyen de esta purga de homosexuales.

«No se puede arrestar ni reprimir a personas que simplemente no existen en la república (…). Si existieran tales personas en Chechenia, las fuerzas del orden público no tendrían que preocuparse por ellas, dado que sus propios familiares les habrían enviado donde nunca pudieran volver», aseguraba Karimov respondiendo a las acusaciones iniciales de la purga de homosexuales. Una postura que no parece tener mucha credibilidad ante el hecho de que la propia autora del reportaje, Elena Milashina, pasaba a la clandestinidad debido a las amenazas recibidas. Tras conseguir asilo en Francia o Alemania, algunos supervivientes comparten sus experiencias amparados en el anonimato por temor a que sus familiares pudieran ser víctimas de represalias, hasta que Maxim Lapunov lo hace a cara descubierta en octubre del año pasado, amparado por grupos como la Red LGBT Rusa. En estos meses, también ha sido cuestionado el paradero del cantante Zelim Bakaev, cuya cuenta de Twitter sigue inactiva desde que se denunciara su desaparición en Grozni en abril del año pasado.

En la reunión con la ONU, Konovalov afrima que Rusia va a continuar trabajando en la «verificación completa de todas las denuncias de posibles violaciones de los derechos humanos de la ley de la Federación Rusa», pero no ha dudado en criticar a los países que, según su punto de vista, han alertado sobre esta situación «sin ninguna evidencia concreta» con respecto a unos incidentes que, según afirma, no tienen nada que ver con «creencias políticas, orientación sexual, opiniones, puntos de vista religiosos, y más cosas», en lo que vuelve a ser una manera implícita de afirmar que algún tipo de persecución sí parece haber tenido lugar.

Al final las únicas consecuencias de esta purga de homosexuales han sido gestos simbólicos como la dimisión de Vitit Muntarbhorn como investigador experto de la ONU para el colectivo LGBT o el premio de la Asociación de Periodistas por la Libertad de Expresión a la autora del reportaje que destapaba esta situación, o sanciones inofensivas por parte de Instagram y Facebook, que bloqueaban las cuentas del presidente checheno, o la aplicación de la Ley Magnitsky en los Estados Unidos, sancionando a Kadyrov y otros cuatro ciudadanos chechenos por nada, según la investigación que defienden desde Rusia, y para nada porque no parece haberles importado gran cosa.

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