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La Organización Mundial de Psiquiatría condena oficialmente las terapias de conversión gay

La Asociación Mundial de Psiquiatría, la organización más grande del mundo para psiquiatras, anuncia su condena oficial a las llamadas «terapias reparativas» o de «conversión gay», declarándolas antiéticas, anticientíficas y perjudiciales para las personas que se someten a ellas.

Luis M. Álvarez • 31/03/2016

WPA logo | Foto: Uso permitido

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El estudio de diferentes pacientes sometidos a diferentes terapias de rehabilitación para reorientar su sexualidad lleva a la Asociación Mundial de Psiquiatría (WPA) a condenar oficialmente la práctica de terapias de reparación. «No hay evidencia científica sólida de que la innata orientación sexual pueda cambiar», publicada la organización en un comunicado este mes. «Todavía más, los llamados tratamientos de la homosexualidad pueden crear un entorno en el que florecen los prejuicios y la discriminación, y pueden ser potencialmente dañinos. La prestación de cualquier intervención que pretenda “tratar” sobre algo que no sea un desorden es totalmente antiética».

«Siento que tengo muchos traumas no resueltos de esa terapia (…). Es difícil desprogramarse completamente», reconoce Michael Ferguson al referirse a la década que pasó experimentando con las denominadas terapias de conversión gays. Criado en una familia mormona de Virginia, pronto sabe que sus deseos personales entrarían en conflicto con la expectativa de casarse con una mujer y tener hijos. Tras ocultar durante años su verdadera sexualidad, piensa encontrar una solución en las terapias reparativas. A los 22 años se somete a una que comprende desde terapia oral y cognitiva a tratamientos de hipnosis y adición, que le llevaría a desarrollar pensamientos suicidas y a la autolesión.

«Es muy inquietante volver ahora sobre correos electrónicos que escribía en aquella época. Hablo de fantasías sobre hacerme daño a mí mismo. Tenía pensamientos invasivos sobre saltar delante de los trenes del metro. En ese momento, pensé que todo el mundo tenía ese tipo de pensamientos», confiesa Ferguson. Ahora, como estudiante de posgrado de neurociencia en la Universidad de Cornell, afirma que le resulta discordante la mera idea de tratar de cambiar su orientación sexual. La suya es una de las muchas historias revisadas por la WPA.

La WPA representa a unos 200.000 psiquiatras de 118 países y, aunque es la mayor organización sanitaria en mostrarse en contra de estas terapias, no es la primera. La Asociación Americana de Psicología, la Asociación Americana de Psiquiatría, la Asociación Americana de Pediatría y la Organización Panamericana de Salud también se han opuesto a estas terapias. El comunicado de la WPA se suma a una ola de amenazas recientes para las denominadas terapias de conversión gay.

En febrero, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, movía ficha para eliminar tales prácticas con la prohibición de la cobertura del seguro para menores de 18 años o el uso de Medicaid para cubrir las terapias. En el mismo mes, varios grupos en defensa de los derechos humanos presenta una queja a la Comisión Federal de Comercio (FTC) contra People Can Change, una organización con sede en Virginia que ofrece fines de semana de conversión y asesoramiento para hombres que buscan no «sentirse atraídos por personas del mismo sexo». Un grupo que no se identifican específicamente como una forma de terapia. Motivo por el que los grupos de derechos humanos aspiran a sentar un precedente legal contra ellos por considerar que, de alguna manera, suponen un fraude para el consumidor.

Samantha Ames, abogado del Centro Nacional para Derechos de las Lesbianas (NCRL), lidera la demanda de la FTC, quien describe la declaración de la WPA como «un clavo más en el ataúd de esta industria». En la medida de que los países de origen de los diferentes miembros de la WPA criminalizan la homosexualidad o permiten las mal llamadas terapias de reparación, la abogada alberga esperanzas para obligar a los gobiernos a reconsiderar los derechos de las personas. «Se envía un mensaje a los líderes de los países del mundo de que las terapias de conversión están en contra de los intereses de sus ciudadanos como un acto contra la ciencia», explica. Sólo los territorios estadounidenses de Colorado, Hawai, Maryland y Virgina tienen leyes que prohíben cualquier forma de terapia de conversión.

Rin Whyler, director y fundador de People Can Change, defiende que si el tratamiento se realiza con el consentimiento de un individuo adulto, puede proporcionar más curación que peligro. Considera que cualquier intento de limitar o controlar la posibilidad de buscar una terapia está basada, simplemente, en «intimidación por motivos políticos». Wyler defiende que People Can Change no es una organización identificada como las terapias de conversión gay. Sostiene que la gente que proporciona o solicita este tipo de servicios lo hace de una manera clandestina, pero que si su organización se elimina, la gente que explora estas opciones se quedará sin salida.

La WPA reconoce en su comunicado que, junto con la condena médica, «los psiquiatras tienen la responsabilidad social de abogar por la reducción de las desigualdades sociales de los individuos, incluyendo las relacionadas con la identidad de género y la orientación sexual». En el caso de Ferguson, alcanzó su «punto de ruptura» a los 28 años, decidiendo finalmente abandonar la terapia cuando la presión que le arrastró a llevar una doble vida se volvió abrumadora. Actualmente vive en Ithaca, Nueva York, con su marido. «Afortunadamente, ahora dispongo de un increíble sistema de apoyo», explica, «cuanto más me doy cuenta de las mentiras en las que se basa la terapia de conversión, más enojado me siento con la gente que perpetúa estas ideas en la sociedad. Lamentablemente, el peligro es real».

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