Los crímenes de odio se triplican en Rusia desde que entra en vigor la ley contra la propaganda gay

Desde que el gobierno de Vladimir Putin aprueba la ley contra la propaganda gay, se han llegado a triplicar los crímenes de odio contra la comunidad LGBT, muchos de los cuales no son siquiera denunciados o, cuando lo son, las autoridades no se molestan en investigarlos.

Luis M. Álvarez • 24/11/2017

Los crímenes de odio se triplican en Rusia desde que entra en vigor la ley contra la propaganda gay | Foto: Youtube

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En junio de 2013 entra en vigor en Rusia la ley contra la propaganda homosexual, que si bien sólo condena la difusión de cualquier tipo de promoción de la homosexualidad dirigida a personas menores de edad, también sirve para dar rienda suelta a la discriminación, tal y como constata el hecho de que en menos de un lustro se hayan incrementado notablemente los crímenes de odio contra los miembros del colectivo LGBT.

Si en el año 2010 se producen sólo 18 condenas de crímenes de odio contra personas homosexuales, bisexuales o transexuales, en 2015 la cifra asciende a 65, según una investigación realizada por la sede en San Petersburgo de Center for Independent Research, donde han analizado hasta 250 crímenes de odio de los que 200 estarían relacionados con asesinatos, siendo la mayoría de las víctimas hombres homosexuales. Este notable incremento se atribuye directamente a Ley de Propaganda, que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenaba este mismo verano.

Los investigadores son conscientes de que las agresiones son realmente superiores a las denuncias, dado que muchas personas no llegan siquiera a denunciar ante la pasividad del gobierno para investigar crímenes de odio de esta índole. «No vamos a abrir el caso porque eres un 'maricón' (…). Deberías culparte a ti mismo», le contestan la policía a Lyosha Gorshkov, un ex profesor de ciencias políticas, golpeado hasta que pierde el conocimiento cuando se encuentra con sus amigos en un bar. Esta misma pasividad es la que los activistas denunciaban ante el asesinato del periodista Dmitri Tsilikine, silenciado por el gobierno como una «trágica muerte» cuando había sido asesinado en su propia casa por ser homosexual.

«Se han vuelto más agresivos y menos temerosos (…). Les parece que, hasta cierto punto, el gobierno apoya sus acciones. Muchos perpetradores hablan abiertamente sobre sus crímenes como actos nobles», declara Svetlana Zakharova, miembro de la junta directiva de la Red LGBT Rusa, el grupo de campaña sobre los derechos de los homosexuales más destacado del país, que ha sido testigo de esta triste tendencia.

Amparados en la Ley de Propaganda y gracias al aumento de poder de Vladimir Putin al acercarse a la Iglesia Ortodoxa Rusa, el gobierno ruso ha prohibido sistemáticamente las marchas del orgullo, ha detenido a activistas de los derechos del colectivo LGBT, ha cancelado espectáculos culturales, como el ballet Nureyev, ha sancionado páginas web, ha prohibido el videojuego The Sims 4 o incluso ha llegado a arrestar a turistas. Asimismo, en los últimos meses hemos asistido a la pasividad de las autoridades rusas ante las denuncias de la purga de homosexuales en Chechenia, que ahora aseguran estar investigando.

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