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Servicio público de salud británico niega tratamiento de fertilidad a una pareja de lesbianas

Una pareja de lesbianas en espera de su primer hijo manifiestan que se han visto obligadas a pagar por un tratamiento de fertilidad privado tras ser rechazadas por el NHS.

Luis M. Álvarez • 24/03/2016

Lesbianas con niño | Foto: Николай Григорьев/iStock/Thinkstock

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Residentes en Greysteel, condado de Londonderry, tras casi cinco años juntas, Sarah Murphy y Jenny Doherty, deciden dar un paso adelante para formar una familia, para lo que tratan de acceder a un tratamiento de fertilidad a través del NHS, el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido. Lo que no esperaban como respuesta es que no cumplían con los requisitos necesarios para acceder al tratamiento.

«Esa fue una de las principales razones por las que elegimos ir a una clínica y hacerlo por nosotras mismas», explica Murphy, «como no estamos inscritas como matrimonio igualitario ni como pareja de hecho, el nombre de Jenny figurará ahora en el certificado de nacimiento como la madre legal. Si lo hubiéramos hecho nosotras mismas, habría habido una batalla legal. Este proceso hace que sea más fácil, desde el día que nazca es hija de Jenny tanto como mía». Se refiere a que al ahcer todo el proceso a través de una clínica privada, no tendrán ningún problema en que figure el nombre de ambas madres en el certificado de nacimiento, algo por lo que habrían tenido que luchar en los tribunales de haberlo hecho a través de la Segurodad Social.

Pero que hayan conseguido su objetivo, no impide que Murphy se sintiera inferior y tuviera vergüenza cuando acudió al centro de fertilidad que les correspondía. Según ella «el servicio de salud no sirvió de gran ayuda, para ser honestos. Creo que, desde el momento en que entramos por la puerta, ya nos habían despachado. Nos sentimos incómodas por querer algo que pretende cada ser humano en el mundo». Al pedirles explicaciones, desde el NHS aseguran que no comentan casos individuales, añadiendo que cualquier persona que tenga un problema con sus servicios, debe cursar una queja formal a través de su propio sistema interno.

Con 25 años de edad, Sarah Murphy reivindica que el procedimiento mediante el que las personas homosexuales pueden acceder a la paternidad y la maternidad debería ser más sencillo para evitar el angustioso periplo por el que ellas han pasado. Los propios médicos deberían disponer de los suficientes recursos como para informar de lo que pueden y lo que no pueden ofrecer en cada caso «en lugar de dejarte salir con las mismas dudas con las que entraste».

A pesar de la decepción incial, la pareja no lamenta haber acudido a una clínica privada para conseguir que Murphy se quedara embarazada, incluso a pesar de las 6.000 libras esterlinas que les ha costado. Asegura que allí sí les trataron como «una pareja que quería tener un bebé, exactamente lo mismo que cada una de las parejas que allí había (…). Ha sido caro, y sin préstamos ni tarjetas de crédito o ayuda de nuestros familiares no lo habríamos sido capaces de afrontar los gastos. No tiene precio y lo haríamos de nuevo en un suspiro, pero al mismo tiempo, nos habría gustado no tener que pagar tanto».

Los padres de Sarah Murphy están particularmente encantados de que les vaya a hacer abuelos, porque cuando les dijo que era gay pensaron que la posibilidad de tener nietos era «como una puerta cerrada para ellos», ahora no pueden esperar a que llegue el momento.

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