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Solicitantes de asilo LGBT siguen estando expuestos al acoso y violencia en Ceuta y Melilla

Los refugiados que solicitan asilo por persecución en sus países de origen en base a su orientación sexual o su identidad de género, siguen estando expuestos al acoso y la violencia en Ceuta y Melilla, según denuncia Human Rights Watch.

Luis M. Álvarez • 28/04/2017

CETI de Ceuta | Foto: Uso permitido

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Los refugiados que pertenecen al colectivo LGBT están expuestos al acoso y la violencia mientras esperan la resolución de su solicitud de asilo en Ceuta y Melilla, según señala Human Rights Watch, quienes solicitan el desbloqueo de las medidas por las que no se procede a su traslado a la península, así como su traslado inmediato al considerar que son un colectivo vulnerable. «Los solicitantes de asilo LGBT que huyeron de contextos de intimidación y hostigamiento homofóbico en su país de origen enfrentan abusos similares en Ceuta, tanto en el centro de inmigración como en las calles (…). España debería trasladar a estas personas a centros de acogida en la península, donde pueden obtener los servicios y la asistencia que por derecho les corresponden», declara Judith Sunderland, directora asociada para Europa y Asia Central de Human Rights Watch.

Entre el 23 y el 26 de marzo Sunderland y su equipo visitan el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI por sus siglas) de Melilla, pero no se les permite el acceso al interior. Se trata de un centro capacitado para 480 personas, pero que albergaba a más de 800, de las que 350 son solicitantes de asilo, alegando 50 de esas personas que están siendo perseguidas por su orientación sexual o identidad de género. El 28 y el 29 de marzo visitan el centro de Ceuta, donde sí les permiten el acceso. Diseñado para albergar poco más de 500 personas en lo que se supone debería ser un espacio de tiempo breve, el centro acoge en estos momentos a casi el doble, 943 personas, de las que entre 70 y 80 son solicitantes de asilo, alegando al menos 10 de ellas discriminación por su orientación sexual o identidad de género.

Sunderland habla con dos refugiados procedentes de Marruecos y uno de Argelia, que le describen situaciones de abuso extremo, incluyendo violencia física por parte de sus propios familiares, agresiones físicas en las calles de su país y un rechazo reiterado y generalizado por parte de la sociedad, llegando uno de ellos a haber sido encarcelado por su orientación sexual. Tanto Argelia como Marruecos condenan la homosexualidad, penando la actividad sexual con consentimiento entre personas del mismo sexo con multas y penas de hasta 3 años de cárcel. El problema para los refugiados LGBT es que tanto en el CETI como en Ceuta y en Melilla, sufren la misma discriminación que en sus propios países, estando igualmente expuestos al acoso y la violencia por su orientación sexual y su identidad de género.

«Aquí también me insultan, me dicen maricón. Me dicen que cuando me ven fuera me van a pegar. Y me atacan, yo escapo. Una vez, en noviembre o diciembre, uno me pegó. Era un argelino. Me decía maricón, te voy a matar. Anteayer estaba con un amigo, vino un argelino y me echó de la habitación diciéndome ‘eh maricón, sal de aquí’ (…). Quiero sobrevivir, quiero un futuro. No quiero pensar siempre en que me van a pegar (…). No puedo en Marruecos, tampoco aquí porque Ceuta es como Marruecos», declara un joven marroquí de 29 años de edad que escapó de su país porque no tenía «nadie que me protegiera, ni mi familia ni la policía», que le detiene cuando escapaba de dos individuos que le dieron una paliza, para ser condenado a seis meses de prisión.

«Me vine a Ceuta. No me quedaba más remedio que pedir asilo. Pero aquí está muy mal. Estoy desesperado. Ceuta me parece igual como en Marruecos. Una vez estaba en la playa, un tío un poco mayor me ofreció un purrito. Dije que no. Él quería abusar de mí, pero no quería, y me tiró una piedra y me pegó un puño. Fui a la policía. Al inicio no quisieron tomar la denuncia. No hicieron nada, lo veo siempre ahí (…). En el CETI no hablo con nadie, evito los problemas. Si no, reviento. Sabes, echado de casa a los 12 años, todos los problemas», explica otro marroquí, de 30 años de edad, que lleva en el centro 14 meses, después de haber sufrido el ostracismo de su familia, quien lo echó de casa cuando todavía era un adolescente de 12 años por ser gay.

«Necesito olvidarme de mis problemas. No tenía mucha idea de adónde ir, solo quería un lugar donde pudiera vivir sin violencia. Aquí las cosas son difíciles. Solo puedes dormir y comer, dormir y comer. Aquí evito a todos para no tener problemas», responde un argelino de 32 años de edad que lleva casi 10 meses en el CETi cuando es entrevistado por miembros de Human Rights Watch, que explican que tanto ellos como los demás refugiados LGBT sufren burlas, hostigamientos y ataques de otros refugiados, quienes «no aceptan compartir una habitación con un homosexual. O los hostigan aquí o pelean fuera del centro».

«Negar a los solicitantes de asilo su libertad de circulación para disuadir las solicitudes no solo sería cruel y errado, sino que además supondría un uso indebido de poder. Sin embargo, la evidencia sugiere que las autoridades ofrecen una dura alternativa a las personas que necesitan protección, al exigirles que manifiesten su necesidad y permanezcan meses o años en una situación indefinida en Ceuta, o que corran el riesgo y pidan asilo recién después de haber sido trasladadas al territorio continental, cuando ya tienen una orden de expulsión en mano», declara Sunderland, quien denuncia una deliberada política del estado español para disuadir las peticiones de todos los solicitantes de asilo, salvo los que llegan de Siria, que tienen un trato diferente.

Según explica Human Rights Watch, las personas que no piden asilo reciben orden de expulsión y son trasladados a la península, donde son asignadas a centros de detención pendientes de su deportación o a refugios gestionados por organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, a los solicitantes de asilo, aunque tienen autorización para abandonar el CETI y moverse por Ceuta o Melilla, no se les permite trasladarse a la península, cuando si estuvieran, por ejemplo, en Alicante, podrían perfectamente desplazarse a cualquier otro punto de España. «La situación de los enclaves, que son las fronteras de la UE en la costa sur del Mediterráneo, es sin dudas diferente de la de otros países de la UE, pero esto no justifica castigar a quienes ingresan a Ceuta en busca de asilo. España tiene los medios para tratar dignamente a los solicitantes de asilo, incluidas las personas LGBT que buscan un país tolerante donde puedan vivir sin temor a sufrir discriminación o violencia».

Asimismo, un informe de 2015 del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR por sus siglas en español), advertía que «las personas de interés LGBTI enfrentan una gran variedad de riesgos de protección en los países de asilo, incluidas nuevas persecuciones por parte de las autoridades, las comunidades de acogida, los miembros de la familia, y otros solicitantes de asilo y refugiados», recomendando que se les proporcionara alojamiento en habitaciones individuales, traslados a centros más pequeños, capacitación específica para el personal que les ayuda en su proceso y facilitación del acceso a organizaciones LGBT y otras redes de apoyo, condiciones que no se cumplen en los centros de Ceuta y Melilla.

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