Un estudio relaciona los casos de abusos sexuales a menores en la iglesia con la homofobia

Un nuevo estudio realizado a lo largo de cinco años por dos exsacerdotes, sostiene que los casos de abuso sexual a menores de edad relacionados con la iglesia católica se producen como consecuencia de la combinación del celibato y la homobia.

Luis M. Álvarez • 15/09/2017

Sacerdote con rosario | Foto: Monika Wisniewska/iStock/Thinkstock

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Un estudio de la Universidad de Melbourne sostienen que el celibato obligatorio al que obliga la iglesia a los sacerdotes «ha sido y sigue siendo el mayor factor de riesgo causante del abuso sexual infantil», una situación empeorada por el «ambiente profundamente homofóbico». Publicado por el Center for Global Research con el nombre de Child Sexual Abuse in the Catholic Church: An Interpretive Review of the Literature and Public Inquiry, se trata de la primera investigación realizada por personas con formación teológica y conocimientos de las prácticas religiosas, el Dr Peter Wilkinson y el profesor Des Cahill, dos exsacerdotes, actualmente casados, que renunciaron a la iglesia en los años 70.

«No hay duda de que el celibato obligatorio ha sido un factor crítico para alcanzar con éxito el objetivo de la Iglesia de evangelizar y fundar iglesias locales en todo el mundo. Pero no se puede afirmar que la política del celibato haya sido un éxito sin precedentes. La cuestión no es el celibato, sino el celibato obligatorio», sostiene el informe en el que desarrollan su teoría explicando que cuando se prohíbe tener una salida tradicional para los deseos sexuales, y ni siquiera les está permitido proporcionar satisfacción a sí mismos, la liberación eventual va a ser algo poco convencional.

La evaluación de 26 casos de abusos sexuales a menores de edad en todo el mundo, determina que uno de cada quince sacerdotes comete delitos sexuales contra menores edad. Los porcentajes varían entre diócesis y entre las congregaciones religiosas, pero el riesgo de cometer delitos sexuales es mucho mayor entre los hermanos religiosos que tienen poco contacto con las mujeres, que fueron educados en escuelas exclusivamente para varones, destinados en escuelas masculinas y que viven en comunidades en las que todos sus miembros son hombres.

Cahill y Wilkinson sostienen que la normativa que obliga al celibato ha «conducido a identidades psicosexualmente inmaduras y privación sexual por parte de los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños». Sin embargo, las reglas de la iglesia contra las relaciones sexuales por parte del clero no son las que causan todos los problemas con el abuso sexual infantil. «No se puede argumentar que el celibato, por sí solo, ha sido la causa del abuso sexual infantil en entornos católicos. Hay demasiados buenos sacerdotes y religiosos, varones y mujeres, que han desarrollado con éxito una vida fiel al celibato, aunque haya sido acompañada por una gran lucha interna. Pero el celibato es el mayor factor de riesgo que precipita hacia el abuso sexual infantil cuando se combina con otros factores de riesgo».

De acuerdo con el estudio, no es la homosexualidad lo que lleva a los sacerdotes a abusar de menores de edad, sino que sería exactamente lo contrario: la homofobia institucional de la iglesia católica: «Aunque la homosexualidad no es una causa directa de abuso, el ambiente profundamente homofóbico dentro de la Iglesia y sus seminarios, basado en la enseñanza de que la homosexualidad es un estado intrínsecamente desordenado y que todos los gays deben llevar una vida célibe contribuyendo a la inmadurez psicosocial».

Los adolescentes y especialmente los niños vulnerables corren riesgo de ser víctimas de abusos sexuales en presencia de sacerdotes varones «psicosocialmente inmaduros, psicosocialmente mal desarrollados y sexualmente privados y profundamente frustrados, que no hayan resuelto satisfactoriamente su propia identidad sexual», concluye el estudio, advirtiendo que estas circunstancias se dan especialmente cuando «estos sacerdotes y religiosos están confundidos o niegan su orientación homosexual mientras se formaban y desarrollaban en un ambiente profundamente homofóbico», en el que hay «poca evidencia psicológica de que el sacerdote y los agresores religiosos estaban sufriendo de alguna enfermedad psicótica».

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