Un grupo de radicales ultracatólicos boicotea el desfile de un festival LGBT en Corea del Sur

Un grupo de radicales ultractólicos violentos boicotea el desfile y otras actividades de un festival de LGBT en Corea del Sur. Además de agresiones físicas y daños materiales, la organización del festival se ha visto obligada a cancelar algunas de las actividades previstas.

Luis M. Álvarez • 11/09/2018

Violent protesters disrupt LGBTI festival in South Korea (Facebook) | Foto: Uso permitido

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La ciudad portuaria de Incheon acoge este sábado, 8 de septiembre, la celebración de un festival LGBT que incluye un desfile y diferentes actuaciones musicales. Algo más de cien mil personas asisten al evento, un récord de participación según la organización, que no pudo ser celebrado tal y como estaba previsto ante la irrupción de un grupo de violentos ultracatólicos que boicotearon el evento, causando daños materiales e impidiendo que se celebrara el desfile y otras actividades programadas. «El desfile, que se suponía que duraría 20 minutos, terminó tardando cinco horas en terminar (…). [No importa lo que suceda], nuestra existencia y nuestro amor no pueden ser negados», publicaron en Twitter los miembros de la organización del festival.

Según la policía, alrededor de 300 miembros del colectivo LGBT fueron aislados al quedar rodeados por un grupo de 1.000 personas que, tirándose al suelo, bloquearon las salidas de la Plaza Dongincheon North Plaza, en una tensa situación que se prolongó durante al menos cinco horas. Durante todo este tiempo, los manifestantes ultracatólicos increparon a los asistentes al festival exigiéndoles que «abandonaran Incheon para siempre» y «dejaran de malgastar el dinero de los impuestos en el tratamiento del sida». También llevaban pancartas con consignas en las que aseguraban protestar «contra la homosexualidad porque amamos (a la humanidad)». Algunas de las personas que quedaron atrapadas aseguran haber sufrido también agresiones físicas.

Un total de tres camiones y otros vehículos no pudieron acceder al recinto, terminando con los neumáticos destrozados, además de ocasionar otros destrozos materiales. Estos vehículos transportaban instrumentos musicales y vestuario para los artistas cuyas actuaciones tuvieron que ser finalmente canceladas al no poderse preparar los escenarios. Asimismo, tampoco se pudieron establecer los puestos de comida y de venta de otro tipo de productos.

« Nuestras banderas y pancartas fueron dañadas por manifestantes anti-homosexuales, y no pudimos comer ni usar el baño durante todo el día (…). Expresamos nuestra gratitud a aquellos que se quedaron con nosotros a pesar de tanta violencia, especialmente los organizadores del festival que hicieron sus mayores esfuerzos para garantizar nuestra seguridad. Siempre estaremos con la comunidad LGBT en el futuro», declara en un comunicado Rainbow Mama Papa, un grupo de padres con hijos LGBT.

A pesar de la homosexualidad es legal en Corea del Sur, las actitudes conservadoras, especialmente entre los cristianos, y el hecho de que no exista ninguna ley que proteja contra la discriminación, lleva a muchos coreanos a seguir viviendo en el armario. Un mes antes de la celebración del festival, funcionarios de la ciudad de Incheon se habían negado a cursar su solicitud alegando falta de estacionamiento, que fue apelada por la organización del festival.

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