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Un tribunal de Malasia aplica su primera sentencia de azotes con vara en público a dos mujeres

Un tribunal de Malasia aplica su primera sentencia de azotes con vara en público a dos mujeres que habían sido declaradas culpables de mantener «relaciones sexuales entre mujeres». Mientras miembros del gobierno defienden que se trata de una práctica disuasoria, grupos de defensa de los derechos humanos reclaman la abolición de lo que consideran torturas.

Luis M. Álvarez • 05/09/2018

Un tribunal de Malasia aplica su primera sentencia de azotes con vara en público a dos mujeres | Foto: Youtube

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Tras ser sorprendidas realizando actividades sexuales en el interior de un automóvil, dos mujeres de 22 y 32 años de edad son declaradas culpables de mantener «relaciones sexuales entre mujeres» por el Tribunal Superior de Syariah, en el estado malasio de Terengganu, el pasado 12 de agosto, siendo condenadas a abonar una multa de aproximadamente 800 dólares y ser azotadas con varas seis veces de forma pública. Este lunes, 3 de septiembre, se les ha aplicado el castigo a manos de otras dos mujeres que se turnan para golpearles. Mientras que la más joven de la pareja sollozaba, la mayor no infiere ninguna mueca.

«La sentencia fue sin problemas y no causó ningún daño», asegura el presidente del Consejo del Colegio de Abogados de Terengganu, Sallehudin Harun, restando importancia a un castigo que representantes del gobierno de Terengganu no describen como azotes, sino como un «toque contundente», que están más orientados a educar y servir de ejemplo que no a infligir dolor, como si fuera un castigo. Según su percepción, tras presenciar el castigo, el primero que se llevó a cabo en un entorno público en Malasia, afirma que «estaba confundido porque imaginamos que sería enérgico, pero después de verlo hoy, pone a la corte de la Sharia en una luz positiva y este tema no debe exagerarse».

«El procedimiento penal de la sharia le permite al tribunal determinar dónde se llevará a cabo la sentencia y requiere que sea presenciada por otros musulmanes (…). [La razón por la que se realiza] en público es para que sirva como una lección para la sociedad», afrima Satiful Bahri Mamat, miembro del consejo ejecutivo del estado de Terengganu, refiriéndose a la ley islámica que se aplica en algunas zonas de Malasia, un país predominantemente musulmán, que en mayo estrenaba un nuevo gobierno con Mahathir Mohamad como primer ministro, que no reconoce los derechos de la comunidad LGBT y ha iniciado una campaña para «enderezar su camino» a través de campañas, seminarios y campamentos.

«El Colegio de Abogados de Malasia se opone sin reservas al castigo corporal, incluido el azote (…). Según el derecho internacional de los derechos humanos, el castigo corporal constituye una forma de tortura», defiende Geroge Varughese, presidente del Colegio de Abogados de Malasia, que califica este tipo de castigos como «bárbaros», además de infligir un daño psicológico duradero en quienes los sufren, motivo por el que solicita una moratoria inmediata sobre todas las formas de castigo corporal, afirmando que «existen pruebas empíricas que demuestran que [los castigos corporales] fracasan como sentencias retributivas y disuasorias».

«Las personas no deberían vivir con miedo por lo que son y a quienes aman: las autoridades de Malasia deben derogar inmediatamente las leyes represivas, prohibir los castigos tortuosos y ratificar la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura», declara a través de un comunicado Rachel Chhoa-Howard, investigadora de Amnistía Internacional en Malasia, afirmando que esta sentencia es un recordatorio de la «profundidad de la discriminación y la criminalización» al que se enfrenta el colectivo LGBT en Malasia, así como una señal de lo que se puede esperar de este nuevo gobierno, que había prometido en campaña reformar los castigos «degradantes» de su predecesor.

«Tenemos que dejar de apuntar a la comunidad LGBT. Tenemos que dejar de invadir su privacidad. Tenemos que dejar de abusar de ellos. Tenemos que crecer como sociedad y aprender a abrazar la diversidad», declara Charles Santiago, miembro del Parlamento y de la coalición gobernante de Malasia, agregando que el nuevo gobierno fue elegido «sobre la premisa de la inclusión», por lo que se espera de él que derogue las leyes que criminalizan la homosexualidad, afirmando que «uno pensaría que tal sentencia solo se aplicaría en Arabia Saudita». Las condenas con bastonazos o varas también se aplican en una zona de Indonesia donde también se rigen pro la ley sharia.

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