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Veda abierta para la homofobia en la República de Kirguistán

La comunidad LGTB de Kirguistán vive con miedo debido a que su gobierno se ha alineado con Rusia, importando sus leyes homofóbicas y sepultando de nuevo a toda la comunidad LGTB al fondo del armario.

Luis M. Álvarez • 05/05/2016

Labrys Twitter | Foto: Uso permitido

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Hace ya dos años que el gobierno kirguís sigue el ejemplo de su poderoso y homofóbico vecino, Rusia, presentando una serie de enmiendas que teinen como objetivo la prohibición de las relaciones homosexuales, popularmente agrupadas en la denominada ley de propaganda antigay, lo que ha llevado a un incremento de un 300 % de la violencia y la intimidación contra la comunidad LGTB en la república de Kirguistán.

«Recibo llamadas y mensajes diciendo cosas como ‘estás arruinando este país’ (…). La nueva ley anima a todo el mundo a ir contra nosotros, sin miedo a ser castigados», explica Nika —nombre ficticio—, un activista que ha pasado a la clandestinidad después de que la oficina de un grupo de apoyo LGTB, fuera incendiada en Biskek. Lo que no le ha disuadido de organizar otro grupo de reuniones para lesbianas, homosexuales, transexuales y bisexuales, sólo que ahora lo hacen con la máxima discreción. «Si me lo pudiera permitir, me iría mañana», dice uno de los asistentes a estas reuniones.

Localizado en el Asía central, Kirguistán comparte frontera con la República de China, Kazajistán, Tayikistán y Uzbekistán. Un pequeño país que ha conseguido preservar su antigua cultura, a pesar de erigirse en el cruce de grandes civilizaciones. Siendo musulmana la mayoría de sus habitantes, ser gay, lesbiana, bisexual o transexual nunca ha sido fácil en este país montañoso. A pesar de todo, hasta hace poco la comunidad LGTB gozaba de libertad, existiendo incluso varios establecimientos de ambiente en Biskek, su capital. Pero en los últimos años, fuerzas internas y externas han «arrastrado a la comunidad LGTB por la batalla de la identidad en Kirguistán», explica Medet Tiulegenov de la Universidad de Biskek.

Si bien desde el 2001 el país era un enclave imprescindible para los Estados Unidos, que utilizaban su base de Manas, en las afueras de Biskak, para enviar sus tropas a Afganistan, desde 2011 el presidente Almazbek Atambayev cierra filas con Rusia, que se confirman con la visita de Vladimir Putin al país, en 2012, momento que marca el inicio de su alienación alineación con Rusia, además de su fuerte oposición a occidente. Al clonar las propias leyes homofóbicas rusas se ha abierto la veda en favor de la homofobia, extendiéndose la intimidación, los asaltos y las agresiones a la comunidad LGTB.

Viktor, uno de los asistentes habituales a los encuentros del grupo de Nika explica cómo fue asaltado en la calle, cuando volvía a casa. Le dejaron inconsciente y se lo llevaron a un lugar retirado, donde fue violado analmente por turnos. «Desde el momento en que el proyecto de ley fue discutido por primera vez la sociedad de Kirguistán se lo tomó como el permiso para la exterminación (…). Algunos ni siquiera entienden lo que dice, pero se lo toman como una llamada a la caza», explica Viktor —nombre ficticio— quien ni siquiera se plantea denunciarlo a la policía, quienes incluso han llegado a extorsionar a los homosexuales, amenazándolos con exponer su identidad sexual a sus familiares.

También se han dado casos de «violaciones correctivas» a lesbianas, «a veces son los hermanos quienes las hacen», explica otro activista, que asegura que fuerzan a algunas a casarse con hombres. Los activistas creen que no son casos aislados, sino lamentablemente habituales, sólo que muchas víctimas tienen demasiado miedo de hablar con los medios para compartir sus experiencias, mucho menos de denunciarlo.

Mientras algunos optan por abandonar el país, otros tratan de mantenerse firmes ante la homofobia. En mayo del año pasado, militantes de Labrys, un grupo activista de Biskek y otras organizaciones de defensa del colectivo LGTB se reunieron en un restaurante para el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, donde fueron atacados por una turba. En esta ocasión, dado que el ataque se produjo a plena luz del día y delante de muchos testigos, los activistas llamaron a la policía que acusó a dos miembros del grupo nacionalista Kyrk-Choro de vandalismo y daños a la propiedad. Si no ha habido ningún avance desde entonces, los abogados tampoco esperan ganar el caso, asumiendo que están lidiando parte de una batalla mucho más amplia. «La comunidad LGTB no es el único objetivo. Algunos de los nacionalistas que nos atacan también dicen que los rusos deberían irse. Y mañana alguien más será su objetivo», declara el activista de Labrys.

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