Las nueve y cuarenta y tres

Llegó al Teatro de las Aguas "el musical más puntual". Las nueve y cuarenta y tres es un musical de Andrés Alemán que convierte un misterio en muchas carcajadas.

Diego Manuel Béjar • 25/10/2016

Las nueve y cuarenta y tres | Foto: Uso permitido

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Andrés Alemán no es nuevo en esto del teatro musical. Ya en su momento nos ganó con su Solitarias de estreno. Ahora nos trae al Teatro de las Aguas, de la mano del compositor Manuel Soler Tenorio, Las nueve y cuarenta y tres.

Interpretada por Natxo Núñez, María Cobos (de quien ya era fan por Solitarias de Estreno), Aránzazu Zárate, Gemma García Maciá y Joselu López, Las nueve y cuarenta y tres nos lleva a una mansión en Rusia en la que hay un gran misterio: todas las noches, exactamente a esa hora, se puede oir en el salón de la casa la melodía del joyero de oro con el que fue enterrada la matriarca de la familia.

Dos hijas muy dispares (una muy tradicional, y la otra despilfarradora), un sirviente con un secreto personal, una sirvienta española y un parapsicólogo muy poco sofisticado son los personajes que nos llevarán a una más que divertida trama de conspiraciones y secretos ambientada a principios del siglo XX.

Es un poco complicado escribir reseñas de obras de teatro en las que no puedo hablar de las cosas que más me han gustado porque estaría haciendo spoiler y uno es muy de respetar esas cosas. Sí puedo decir, sin mojarme demasiado, que no faltan giros muy bien traidos, sorprendentes en su justa medida sin caer en el disparate cogido por los pelos. Y eso me gustó, como también me gustó salir de la obra con la mente despejada, una sonrisa en la boca y una melodía en la cabeza. Desde luego cumple holgadamente su función: relajar al espectador, hacerle olvidar sus problemas durante casi hora y media, y divertirle con los avatares que se representan en el escenario.

Las interpretaciones son muy correctas. Sí, hay alguna que destaca más que otras, pero no me gusta señalar: ella sabe quién es porque también tuvo que escuchar ese qué buena es la jodía que alguien dijo desde el patio de butacas. También es cierto que para que la comedia funcione hay personajes que son más serios y otros que son más cómicos, y a veces cuesta diferenciar actor y personaje: se puede ser buen actor aunque no te toque el personaje más gracioso ni el que tiene los mejores chistes.

En el aspecto musical, porque esto al final es un musical, tenemos canciones de distintos tipos interpretadas al piano. Sin conocer los títulos de las canciones, personalmente (y esto es cuestión de gustos), mis favoritas fueron la de las tradiciones españolas (con una crítica a la España machista de la época que ciertamente se podría aplicar casi íntegramente a la época actual, interpretada con mucha gracia y salero) y la canción final que versiona (o eso me pareció) una canción popular rusa de una manera infantilmente hilarante y que llevo casi una semana intentando quitarme de la cabeza.

Vaya también mi reconocimiento al momento de la cena en la obra, que no voy a decir en qué consiste pero a juzgar por la reacción del público se agradece considerablemente. De hecho, desde entonces, cada vez que en una obra de teatro alguien cena, deseo con todas mis fuerzas que lo ejecuten al estilo Las nueve y cuarenta y tres. Me dejó un buen sabor de boca, en todos los sentidos.

Puedes ver Las nueve y cuarenta y tres los jueves de octubre y de noviembre en Teatro de las Aguas (c/ de las Aguas, 8, Madrid). No te lo pierdas, porque si te gusta reir sin complejos lo vas a disfrutar.

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