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Demostrado: los recortes matan

En los próximos días morirán unos 500 españoles. Y no serán curas de gira por el mundo, sino que están entre nosotros. Ahora, más que nunca, queda demostrado que los recortes matan: morirán porque es caro el tratamiento que les curaría definitivamente.

Diego Manuel Béjar • 23/08/2014

Positivo Anti-HBs | Foto: jarun011/iStock/Thinkstock

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Los afectados de hepatitis C son muchísimos más, tanto en España (unos 900.000) como en el resto del mundo. Pero el dato es que durante el próximo mes morirán en España unos 500 españoles por una enfermedad para la que hay un tratamiento que les curaría en 3 meses. El medicamento se llama Sovaldi, está fabricado por Gilead, y su principal inconveniente es que el tratamiento tiene un coste de 60.000 euros por persona. Eso sí: tiene una efectividad de casi el 100% cuando el resto de tratamientos solo cura entre el 50% y el 80% de los casos, y solo es necesario recurrir a ese tratamiento si falla la medicación habitual (mucho más económica)

Lo peor no es que se calcule que en los próximos 30 días morirán 500 españoles, sino que esto viene pasando desde hace mucho tiempo. Claro que antes se morían por una enfermedad para la que les habían dado el mejor tratamiento posible, pero que desde enero de este año ya está homologado en Europa el tratamiento que casi reduciría a cero la cantidad de fallecidos. La única razón por la que no se administra ese medicamento en estos casos graves es el dinero. El Estado dice que el tratamiento es demasiado caro, y la vida de un español no vale para ellos 60.000 euros. Hay que tener en cuenta que es una enfermedad de muy largo recorrido, por lo que antes de aplicar el tratamiento caro hay tiempo de sobra para probar los tratamientos convencionales. De los 900.000 infectados en España, solo 800 están en fase crítica y necesitan Solvadi como única posibilidad de no solo seguir viviendo, sino además hacerlo curados de la enfermedad. No es un tratamiento paliativo, sino que cura casi al 100%.

800 pacientes en fase crítica, a 60.000 euros cada uno, son 48 millones de euros. Para contextualizar la cifra en términos de economía nacional, y poniéndonos demagógicos (pero sin dejar de ser realistas), es prácticamente la cantidad que llegó a tener Bárcenas en Suiza (47 millones). Este mes el Gobierno destinó 914 millones a un crédito para armamento y adiestramiento. 45 millones de euros es lo que lleva gastado el gobierno de Murcia en las obras de acceso al aeropuerto. 36 millones de euros es el dinero que puso el gobierno de Cantabria para salvar al Racing. 20 millones es lo que se ha gastado en la remodelación de seis ministerios (obras y muebles).

En un primer momento se limitó el acceso a este medicamento a los que están en lista de espera de trasplante hepático, los trasplantados y los cirróticos con alto riesgo de descompensación y/o muerte en un año. En una lectura restrictiva de estas condiciones, en España solo 3.000 personas requerirían este tratamiento. Sin embargo, rápidamente se establecieron más filtros y sobre todo papeleo y trámites para que menos gente pudiera acceder al medicamento que les podría curar y, sobre todo, evitar su muerte inminente. Los doctores se desesperan viendo cómo los pacientes van llegando a la muerte mientras esperan la autorización de la Comunidad Autónoma... los pacientes y sus familiares ven con exasperante impotencia que están en una cuenta atrás cuyo desenlace es definitivo. ¿Te imaginas estar en esa situación? ¿Estar toda la vida pagando impuestos y que te dejen tirado en esta situación, abandonado a la muerte en un hospital de tu país por una enfermedad para la que existe cura? Resulta paradójico, además, que muchos de los infectados de hepatitis C lo son porque hasta 1992 cuando te hacían una transfusión de sangre en un hospital no tenían forma de saber si te estaban inyectando el propio virus. Gente infectada hace más de 20 años que ahora ve llegar la muerte en el mismo sitio donde les infectaron. Sin querer, se entiende, pero que les infectaron.

Nos hemos acostumbrado a ver en las noticias (y ya hablaremos de ello) cómo mueren niños en paises que decimos subdesarrollados (entendiendo el prefijo sub como que ellos están menos desarrollados que nosotros, porque tampoco es que por oposición nosotros estemos muy desarrollados, visto lo visto). Niños que mueren por no tener acceso a un poco de agua, un poco de comida, o una vacuna que cuesta 0,30 euros. Se mira a otro lado, pensando que es otro país, otro continente... Vale, pues ahora lo tenemos en nuestro país. ¿Vamos a seguir mirando a otro lado? Si ya es duro mirar a otro lado cuando se trata de África, ¿vamos a hacerlo tratándose de nuestros amigos y vecinos? ¿Dónde está el primer mundo?

¿Os acordáis del cura del ébola? ¿Lo rápido que lo trajeron a España, rehaciendo un hospital que ya habían casi desmantelado? Ya no hablemos de las colaboradoras del cura que se quedaron allí abandonadas a su propia muerte (que llegó pronto, por cierto). Pues con lo que costó traerlo y acondicionarlo todo para poder aplicarle un tratamiento experimental, aún a sabiendas de que la enfermedad ya había afectado severamente los órganos internos, se hubieran salvado 20 de estas vidas. No voy a remover el tema del cura del ébola, solo digo que si una cosa es válida, la otra lo es con mayor razón (menor coste por vida, y mayor garantía de éxito). ¿Por qué este Gobierno considera adecuado gastarse más de un millón de euros en salvar la vida de un cura y al mismo tiempo se niega a facilitar un tratamiento de 60.000 euros para salvar otra vida? Cierto es que para algunas personas se está facilitando el tratamiento, pero cientos están muriendo porque no les llega la autorización a tiempo (o porque no está contemplado que les llegue esa autorización).

Cierto es que hay otro debate: el precio de los medicamentos. El Gobierno está negociando el precio del medicamento desde enero. ¿Y sabéis qué os digo? Que si se dedicase más dinero a la investigación podríamos producir nuestros propios medicamentos para muchas enfermedades, y que esa inversión extra en investigación se vería cubierta de sobra con lo que nos ahorraríamos en pagos a farmacéuticas. Ese debate, el del precio de los medicamentos, el cómo la vida de las personas no puede depender del precio que le pongan empresas privadas para contentar a sus inversores, hay que afrontarlo con urgencia. Y hay muchas soluciones: acuerdo de investigación a nivel europeo creando una gran farmacéutica europea que produzca medicamentos a precio de coste para sus ciudadanos y se financie con las ventas a otros países (o intercambie patentes extracomunitarias: si me das la patente para este medicamento tuyo, yo te doy para fuera de la Unión Europea la de este otro medicamente que he desarrollado), anulación de patentes cuyo uso afecte a la vida de las personas (tal vez con una compensación basada en costes reales más un interés anual durante el tiempo de desarrollo, estipulación del precio del medicamento en función de auditoría que garantice un margen de beneficio controlado para la farmacéutica... Pero lo que no podemos hacer es meternos en ese diálogo existente desde hace décadas mientras la gente muere por no tener acceso a ese medicamento.

Finalmente, creo que es público que no soy nada favorable a este gobierno que nos ha regalado "la fiesta de la democracia". Estoy convencido de que no han llegado a un acuerdo con el laboratorio por su propia incompetencia (por eso dicen, sobre todo en sanidad, que la empresa privada funciona mejor que la pública, y tienen razón: la pública nunca podrá funcionar bien si son ellos —los políticos— los que la administran, mientras que en la privada jamás les hubieran contratado). En Egipto consiguieron que el coste del tratamiento se redujera en un 99% (de 60.000 euros, han pasado a un coste de 600 euros). Pero también hay que reconocer que si no se llega a un acuerdo es porque tampoco quiere Gilead. El laboratorio tiene el tiempo a su favor: cuanta más gente muera, más presionado se sentirá el Gobierno de turno (que mientras tanto seguirá comprando al precio que el laboratorio diga). Por esa razón, debemos protestar muy alto, pero no solo contra este Gobierno (que hay muchas razones para ello, y es solo una de ellas) sino también contra Gilead, que al fin y al cabo es la que está utilizando las vidas de millones de personas para negociar el precio más favorable para ellos.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Diego Manuel Béjar

Diego Manuel Béjar es un emprendedor altamente relacionado con Internet, creador del portal Chueca.com y actualmente director de UniversoGay.com, entre otras iniciativas. Autor de la novela Cómo seducir a un hetero, así como varias obras de teatro representadas en Madrid, Miami, Lima y Monterrey, entre otros escenarios. Está considerado como uno de Los 100 gays del año 2000 (revista Zero, 2001) y uno de Los 25 gays con más poder (diario El Mundo, 2006). Puedes saber más sobre él en su web.

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