¿Hay que respetar todas las opiniones? ¡Respeta esto!

Lo siento mucho pero, desde el cariño y el respeto, eso de "hay que respetar todas las opiniones" que mucha gente dice con demasiada ligereza es la mayor gilipollez del mundo mundial. Sin embargo, no falta alguien que en una conversación sobre una opinión homófoba de un personaje público suelte la perla.

Diego Manuel Béjar • 18/03/2015

Feo gesto con el dedo - Foto: stokkete/iStock/Thinkstock

opiniones respeto dolce & gabbana

No hace falta esforzarse mucho para encontrar ejemplos de opiniones que no respetamos. Ni siquiera hace falta recurrir a las opiniones nazis o de grupos terroristas (que sería lo fácil). Basta con opiniones racistas, xenófobas, sexistas... que por alguna extraña razón confío que no compartan mis lectores. Pero cuando es una opinión homófoba (y esto viene por lo de Dolce & Gabbana, pero hay mil ejemplos), siempre tiene que haber alguien que diga que todas las opiniones son respetables. ¡Todas! ¡Pues respétalas tú, todas, incluyendo la mía! Porque, si te parecen respetables todas las opiniones, también debes respetar que otros opinen que no todas lo son. Es más, si te pones a pensar... ¿no será que al decir "hay que respetar todas las opiniones" en realidad estás diciendo que no respetas mi opinión? Porque, si no, ¿qué estás diciendo? ¿Estás soltando palabras al azar porque consideras que es tu turno en la conversación? ¿O realmente quieres decirme algo?

Analicemos un ejemplo de conversación (inventado y, tal vez, dramatizado):

SUJETO 1: Me parece muy fuerte lo que han dicho los de Dolce & Gabbana. Mi marido y yo nos hemos sentido tan insultados que nos hemos pasado horas abrazados a nuestro hijo adoptivo, llorando de dolor, al ver cómo se le da pábulo a semejante ofensa para mi familia y tantas otras.

SUJETO 2: Pues a mí me da igual, yo voy a seguir comprando sus diseños. Además, pienso que se ha exagerado todo.

SUJETO 1: Vale, pues yo no. Pienso que son unos gais con mucha homofobia interna que, en lugar de utilizar su poder mediático para ayudar a los suyos (o, simplemente, no joderles) sueltan su mierda a la que se descuidan.

SUJETO 2: No sé, a lo mejor ha sido un error de interpretación. O yo qué sé, pero a mí sus opiniones personales no me condicionan a la hora de valorar su trabajo.

SUJETO 1: Ya, pero al valorar su trabajo, al ser algo tan personal (que la empresa tenga el nombre de ellos establece una identidad muy clara), en cierta manera estás valorando a las personas, y apoyando lo que representan.

SUJETO 2: Pero yo sé cómo soy, lo que pienso, lo que hago. Soy mucho más que lo que visto, y mi ropa no representa mis ideas.

Aquí todo correcto, ¿no? Dos personas emiten distintas opiniones, y ya está. Se llama conversación. Otros lo llaman diálogo. Pero lo que me chirría es este tipo de conversación (no inventado):

SUJETO 1: Me parece muy fuerte lo que han dicho los de Dolce & Gabbana.

SUJETO 2: Hay que respetar todas las opiniones.

Vamos a ver: ¿qué me estás contando, Sujeto 2? ¿Estás diciendo que respetas la opinión de Sujeto 1? ¿O por el contrario estás diciendo que hay que respetar otras opiniones y que por tanto no respetas la de Sujeto 1? ¿No es una forma incluso cobarde de opinar sin opinar? ¿Dónde está la coherencia? Tal vez no se vea claro, porque hay una tendencia en el colectivo LGTB (que, por si no se ha notado, me fastidia bastante: la tendencia, no el colectivo) a quitarle peso a las cosas cuando se trata de homofobia. Así que hagamos un ejercicio. Disculpen mi poca memoria, porque no recuerdo quién lo planteó, pero el caso es que hay una prueba para determinar si un comentario es homófobo: sustituir gay por judío. Si, después de hacer el cambio, te chirría, es que el comentario original era homófobo. Curiosamente, en el mundo de la moda tenemos un ejemplo que nos viene al pelo:

SUJETO 1: Me parece muy fuerte lo que ha dicho John Galliano, eso de "amo a Hitler" y lo de decirle a un judío " la gente como usted tendría que estar muerta. Su madre, su padre, todos en la cámara de gas ".

SUJETO 2: Hay que respetar todas las opiniones.

A ver: ¿chirría o no chirría? ¿Cómo interpretas ese "hay que respetar todas las opiniones"? Se puede objetar, con razón, que no es lo mismo desear la muerte a alguien que cuestionar las familias homoparentales (aunque también las monoparentales y, ya puestos, las adopciones heterosexuales, ya que se podrían parafrasear sus declaraciones como "naces estéril, no puedes tener hijos, no se puede tener todo en la vida"). Incluso se podría decir que al utilizar el recurso de Hitler (pese a ser un caso real de hace cuatro años que también tuvo mucho repercusión) estoy recurriendo a lo fácil, a lo que se conoce como Ley de Godwin. Otros, incluso, podrían objetar lo contrario: que lo de John Galliano fue un arrebato en un restaurante (y en un arrebato todos decimos tonterías), y lo de Dolce & Gabbana es más grave porque fue una alegre declaración en una revista. Pero, de todos modos, quien piense que no es lo mismo, que se puede decir "todas las opiniones son respetables" en el primer caso pero no en el segundo, me estará dando la razón: no todas las opiniones son respetables.

No se trata de no respetar las opiniones distintas a las propias, se trata de que hay opiniones que discriminan, marginan, señalan... y yo no puedo respetar eso. Y, por supuesto, no se trata de exterminar a quien emite una expresión no respetable, simplemente se trata del derecho a discrepar y decir que no se está de acuerdo y que, si viene al caso, tal vez, no te parece coherente (o simplemente no te apetece) dar tu dinero (el que lo tenga) a esa persona (u organización) para que siga diciendo esas cosas y, peor aún, se sienta respaldada.

Pero entonces nos encontramos con otro problema de fondo: se confunde no estar de acuerdo (o, simplemente, dejar de batir palmas, que hay mucho palmero en las redes sociales y, sobre todo, mucha gente adicta al aplauso social en forma de "Me gusta") con no respetar opiniones. Y gente que confunde no respetar una opinión con no respetar a una persona. Para que se hagan una idea, el comentario de "hay que respetar todas las opiniones" que ha desencadenado este artículo (que, lo juro, iba a ser breve) es alguien a quien respeto mucho por muchas razones. Otra cosa es que no respete esa opinión suya en concreto. Existen un montón de opiniones (por ejemplo, en política) que las respeto, pero con las que no estoy de acuerdo, y eso no me impide tener una amistad con la persona que las emite si simplemente se trata de distintos puntos de vista. Lo que sí me puede impedir respetar a la persona son los modos o la discriminación: te borro de la agenda del móvil y, peor aún, te bloqueo en Facebook.

Lo malo, y esto es un tema que hace tiempo que quiero desarrollar en profundidad, es que argumentar (con respeto y usando datos) en contra de una opinión ajena se considere un ataque personal y una falta de respeto, pero ya contra la estupidez humana no se puede luchar.

Nota: si te has dado por aludido y te molesta lo que acabo de decir, ten en cuenta que es una opinión, así que respétala, porque de lo contrario me estarás dando la razón. Sin embargo, como me parece no solo respetable, sino además completamente normal, que mucha gente no esté de acuerdo con lo que digo, ¡lo respeto! ¡Porque yo sí considero que no todas las opiniones, incluyendo la mía, son respetables!

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Diego Manuel Béjar

Diego Manuel Béjar es un emprendedor altamente relacionado con Internet, creador del portal Chueca.com y actualmente director de UniversoGay.com, entre otras iniciativas. Autor de la novela Cómo seducir a un hetero. Está considerado como uno de Los 100 gays del año 2000 (revista Zero, 2001) y uno de Los 25 gays con más poder (diario El Mundo, 2006). Puedes saber más sobre él en su web.

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