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Dos años llevo sin publicar en mi columna. ¡Dos años! Podría decir mil cosas para intentar justificarme, y algunas de ellas incluso tendrían sentido. En fin, “en casa del herrero, cuchara de palo”. Pero he vuelto a esta columna para seguir diciendo, como antaño, “todo lo que no”. ¿Hacemos un repaso para ponernos al día?

Diego Manuel Béjar • 23/02/2014

Agresión policial en Madrid, cuya grabación estará prohibida en breve

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¿Qué ha pasado para que lleve dos años sin publicar en mi propia columna? Exacto: dos años de gobierno del PP. No es para justificarme pero... ¡es tan desolador! Cada vez que leo el periódico quiero decir tantas cosas, gritarlas, que luego ante la pantalla en blanco del procesador de texto me bloqueo. ¿Qué decir? ¿Cómo entender lo que está pasando? No quiero caer en tópicos innecesarios y harto conocidos, pero cuando ves que se incumple todo un programa electoral (salvo en lo relativo a recorte de derechos), que todo es más caro pero cada vez trabaja menos gente y por menos sueldo, que se juzga a los jueces antes que a los delincuentes, el descaro con el que nos están saqueando y, sobre todo, la sensación de total impunidad...

En mi vida también han pasado muchas cosas. Como a millones de españoles, la crisis me ha obligado a un montón de cambios. Cambio de vivienda, cambio de oficina, mucho trabajo en la editorial empeñado en el desafío de sacar adelante un proyecto cultural, nuevos proyectos y aventuras... y, sobre todo, mucha imaginación para salir adelante en medio de la precariedad.

Precariedad, esa es la palabra. Los mileuristas de antaño son los afortunados de hoy. Te pueden pasar mil desgracias y solo te quejarás con la boca pequeña, sabiendo que formas parte de una mayoría: la de los que sobreviven como buenamente pueden. Porque, en una crisis enquistada y de la que no vemos salida, ya no somos gais ni lesbianas ni transexuales ni bisexuales ni ninguna de esas decenas de etiquetas nuevas que se han inventado los estudiosos de lo queer que tanto reniegan de las etiquetas. Ahora, simplemente, somos supervivientes. Afortunadamente para los LGTB, somos luchadores: estamos acostumbrados a tener más trabas que nadie, y eso nos da una ventaja en esta actividad de riesgo que es la propia vida.

Pero lo peor en una crisis no es solo el dinero. Porque el vil metal es necesario en esta sociedad en la que todo tiene un precio. Necesitamos comer, tener un lugar donde vivir, medicinas... ¡Cielos! ¿No es horripilante encontrarse gente que deja la medicación porque no puede pagarla? ¿Cuándo hemos pasado de “quiero un iPhone” a “me van a embargar el piso”? Sin embargo, hay otra amenaza que nos afecta a todos. La crisis económica siempre trae consigo una crisis de valores. Y no hablo de la crisis de valores de la que nos habla la iglesia, como si tuvieran autoridad para hablar de una familia que no tienen y de una pobreza de que no padecen, sino de los valores de solidaridad y cohesión necesarios en toda sociedad mínimamente avanzada. Este entorno, en el que se ataca a los valores de respeto entre ciudadanos, es caldo de cultivo para todo tipo de extremismos.

Son muchos los interesados en agitar los extremismos. Tenemos a los que nos mangonean desde las élites políticas y empresariales, que quieren distraernos de los problemas reales, creando enemigos imaginarios, intentando que nos señalemos los unos a los otros como responsables de nuestros males. Son los que nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, cuando nunca hemos accedido a nada que no nos hubieran permitido ellos mismos, los que pretenden que es la misma libertad elegir lo que quiero para conmigo mismo que elegir lo que pueden o no pueden querer los demás, los que convierten una posible entrega de armas de eta en un peligro para la paz, los que afirman que una independencia es la salida de la crisis, los que intentan convencernos de que el que se grabaran unos minutos de la declaración de la infanta es de una gravedad superior a los propios hechos que se le imputan.

También tenemos a los que ya eran extremistas desde el principio. A los extremistas religiosos que ahora lanzan hordas de pregoneros para vendernos una plaza en el paraíso, una salvación para los que no consideramos haber pecado mientras intentan meter sus sermones religiosos en la agenda política. Y, por supuesto, tenemos a los extremistas ideológicos, los que presentan a las minorías, sumando homosexuales, inmigrantes y mujeres dueñas de su propio cuerpo en el mismo saco de odio, como los causantes de la crisis. Esos son los más peligrosos pues, a diferencia de los religiosos que van cargados de ignorancia, estos van cargados de odio. En Madrid, capital de España, donde se van a cumplir diez años de la legalización del matrimonio igualitario, cada vez hay más agresiones homófobas. Animados por la evolución en otros países de los radicalismos nazis, esos grupos se están creciendo, se hacen fuertes, encuentran nuevos apoyos, y se confirman como una grave amenaza. No podemos perder el foco y dejarles crecer impunemente mientras nos peleamos por tonterías.

Vivimos tiempos difíciles, y quienes deben velar por nosotros están más preocupados por ellos mismos, por sus cuentas en Suiza, por apartar a los jueces que les investigan... Pero somos luchadores. Siempre lo hemos sido, aunque fuera porque no nos quedaba otra opción que luchar. Y ahí seguiremos.

Quiero hablaros de muchas cosas, compartir muchos pensamientos con vosotros, aunque en estos tiempos vayan a ser más negativos que optimistas. Ahora, al menos, he perdido el miedo a volver a esta sección después de tan larga ausencia. Pero hay muchos más miedos que, juntos, tenemos que quitarnos del medio.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Diego Manuel Béjar

Diego Manuel Béjar es un emprendedor altamente relacionado con Internet, creador del portal Chueca.com y actualmente director de UniversoGay.com, entre otras iniciativas. Autor de la novela Cómo seducir a un hetero, así como varias obras de teatro representadas en Madrid, Miami, Lima y Monterrey, entre otros escenarios. Está considerado como uno de Los 100 gays del año 2000 (revista Zero, 2001) y uno de Los 25 gays con más poder (diario El Mundo, 2006). Puedes saber más sobre él en su web.

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