Chat

Contactos

Fotos

Guía

Cuestión de piel

Cuando el cuerpo se convierte en el vehículo de nuestras emociones, podríamos si quisiéramos, llamarlo Amor.

Mónica Martín • 13/05/2012

Espalda

amor deseo emoción

No puedo evitarlo. Cada vez que siento que me rozas, que acercas tu cuerpo a mí, que tus manos me tocan sin querer o que sencillamente me estás mirando, toda mi piel se levanta. No como las espigas en el campo cuando el viento las peina, no, se levanta como si me hubieran acercado un hierro caliente y tuviera miedo de arder en esta hoguera innecesaria.

Lo he intentado. No pensar en ti, no acordarme de ti, no recordar tu olor, el color de tus ojos, la suave textura con la que se desliza tu pelo al caer sobre tus hombros. He intentado por todos los medios borrarte de mi mente, de mis sueños, de las fabulaciones que necesito para masturbarme desordenadamente. He intentado alejarme de ti, enfadarme contigo, ser el tipo de persona que detestas, convertirme en el prototipo de mujer que podrías odiar pero, ha sido imposible. Estas ahí. Continuas ahí. Permaneces ahí. En un lugar cercano a mi retina para que cada vez que cierre los ojos, pueda ver tu cara sonriendo. Tus ojos sonriendo. Tu alma sonriendo. Es una putada, esto de poder ver el alma de una persona sin haberlo pedido, es una auténtica putada. Yo no quería verte por dentro, me conformaba con verte, sencillamente. Me conformaba con saber que llegarías puntual a la oficina, que harías tu jornada clavada y que no tendría ningún motivo para despedirte. Me conformaba con establecer contigo una relación laboral estricta y clara. Me conformaba con mantener las distancias, con asegurar un puente de frialdad entre nosotras que hiciera mi vida más cómoda pero, no. Tuvo que pasar. Tuviste que deslizar tu mano por mi hombro mientras me mirabas a los ojos y con ello abriste una puerta que ahora soy incapaz de cerrar.

Tengo ganas de llorar cada que vez que recuerdo el momento exacto en el que hiciste ese gesto. Tocarme el hombro, mirarme a los ojos, buscando una respuesta dentro de mí.

Tocarme el hombro, mirame a los ojos, derrumbar esa muralla que estaba ahí.

Tocarme el hombro, mirarme con esos ojos.

Tocarme el hombro, deslizar tus manos sobre mí.

Tocarme el hombro, tu olor penetrándome y así, circunstancialmente, darme cuenta de que aquello: Tu mano, mi hombro, tus ojos, tu pelo, tu olor y tu aliento, eran el viento que agitaba las aspas de un molino imparable y devastador.

Quiero alejarte de mí y que me odies o que te odie, me es indiferente el orden. Quiero que cada vez que me veas no tengas ganas de mirarme. Quiero pero no puedo. Es difícil llegar a odiarte, en realidad, aunque no despertaras en mí esta tormenta de emociones tan extraña, creo que tampoco podría llegar a odiarte. Creo que en cualquier caso, aunque no me levantarás la piel y me revolvieras el estomago y sintiera dentro de mí como un mazazo cada vez que te veo, tampoco podría odiarte, porque estás dentro de esas personas que son tan blancas por dentro que cuando entran en tu vida sabes que solo pueden aportarte cosas buenas. Tienes una forma de brillar que es extraña. Posees ese tipo de belleza que la primera vez no impresiona pero, con el paso del tiempo, va calando lentamente en el corazón. Intenté por todos los medios que las pequeñas y constantes gotas de tu alma no entrarán dentro de mí pero, fue inevitable. Te miré a los ojos y no pude articular palabra.

No sé si te has dado cuenta de que tienes unos ojos preciosos. Me da igual que creas que en la escala universal de las bellezas alguien se han empeñado en clasificarte con insignificante, porque yo es mirar furtivamente esos ojos marrones que tienes, que a veces están tan tristes, y volverme loca. Yo es que es mirarte y verte por dentro. Este es el pensamiento, que cuando estoy sola, no me deja tranquila. ¿Cómo es posible que te mire y sienta que te conozco?.

Es mirarte y quererte. Simple, sencillo, doloroso y estúpido.

Es mirarte y desear esconderme en algún lugar remoto de la tierra para que no puedas descubrir que cada vez que estamos cerca, mi piel no atiende a razones, solo quiere arder en ese fuego tan intenso y brillante que se desata en mi interior.

Yo solo quiero fundirme contigo y que el tiempo se detenga.

Solo quiero sentir como resbalas por mi cuerpo como una marea de lava caliente.

Solo quiero que tu saliva y tus labios, que tus manos y tu dedos, que tus pestañas y tus ojos patinen sobre mi piel y con ello sentir que la vida ha dejado de ser por un momento tan gris y tan triste, tan estúpida y tan incierta, tan dura, como para haber decidido plantarte en mi camino y después retirarte.

No sé que voy a hacer a partir de ahora. No sé como plantearme un futuro contigo o como hacerlo sin ti, solo sé que estoy aterrada. Estoy muerta de miedo pero, a pesar de ello quiero que descubras que no puedo, ni quiero, apartarte de mi pensamiento ya.

Yo, no quería sentir como me erizabas la piel, hubiera deseado que las cosas fueran más fáciles pero, ya que estamos en este camino extraño que nos ha puesto la vida delante, creo que por una vez y desatendiendo todo lo que me han enseñado que es lo correcto, voy a permitirme sentir que me has devuelto a la vida, antes de que ésta decida que debemos separarnos.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Mónica Martín

Mónica Martín es novelista, relatista y bloguera experimental. Esta extravagante, polifacética y joven escritora relacionada con el mundo de la literatura LGTB, no ha dejado a nadie indiferente a lo largo de su trayectoria literaria. Autora de la novela “Sin Control (2006)”, el poemario “An-verso jugando con el sonido (2008)” y el ensayo “Visibilidad (2009)”, en 2011 ha roto todos sus esquemas creativos con la novela coral “Títeres”.

Comentarios

También te puede interesar...

Más en Tomates Verdes Crudos

© Looping Media, S.L., 2007-2019
Condiciones de uso, privacidad y cookies
Quiénes somos | Publicidad | Ayuda y contacto