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Doble vida, doble moral

No hay periódico, escrito o digital, que no hable del caso del ex concejal del Partido Popular del Ayuntamiento de Palma de Mallorca, Rodrigo de Santos, presunto malversador de fondos públicos para costearse lo que podríamos llamar “sus vicios”.

Alberto Ríos Mosteiro • 16/03/2008

Rodrigo de Santos

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Sin duda el asunto reúne los ingredientes necesarios para convertirse en lo que se ha convertido, un auténtico escándalo: hombre joven, primera figura de la política municipal, casado, con hijos, ultracatólico, ferviente detractor del matrimonio entre personas del mismo sexo, va dejando pistas de lo que para muchos era un secreto a voces: su doble vida, su doble moral. Por el día se negaba a oficiar matrimonios entre dos hombres o dos mujeres, por la noche no parecía existir límite a la hora de “quemar” la visa municipal para pagar, con dinero público, sus adicciones, orgías y favores sexuales en prostíbulos homosexuales. El típico caso del que vive pero no deja vivir, del que tiene todos los derechos pero se los niega a los demás, del que no pasa penurias económicas y aún así se ríe en la cara de todos aquellos que le han elegido para representarle gastándose, para asuntos personales, el dinero de todos. Una vez descubierto, de Santos ha devuelto la cantidad que a día de hoy la fiscalía anticorrupción le acusa de haber malversado, ha pedido perdón y también que se luche contra la droga.

Teniendo en cuenta el discurrir de los acontecimientos no creo que merezca la pena preguntarse si habría actuado de igual modo si el escándalo no le hubiese estallado en toda la cara y salpicado, inevitable y lamentablemente, a sus familiares y allegados. Tampoco merece la pena preguntarse si ese perdón va dirigido a quienes dicen no reconocer a la persona que la realidad ya les presentaba ante sus ojos, a los ciudadanos que han sufragado, involuntariamente, su adicción a ciertas sustancias y su afición a los prostíbulos, al movimiento ultracatólico con el que comulgaba de día y del que se olvidaba de noche, o a todas aquellas personas a las que negaba el reconocimiento de un derecho simplemente por su orientación sexual y, una vez reconocido, el ejercicio y disfrute del mismo, mientras él disfrutaba, sin necesidad de reconocimiento legal alguno, de lo que él solo ha creado, el escándalo. Sí creo que merece la pena preguntarse si no es preferible vivir con coherencia a provocar tanto dolor a quienes sufren las consecuencias de tanta hipocresía, de tanta doble vida, de tanta doble moral.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

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