Homofobia (tercera parte)

En este tercer apartado se aborda la homofobia como una forma específica de violencia social compleja. Por esta razón se analizan las variables involucradas al respecto.

Fernando González • 29/12/2007

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En los apartados anteriores se empezó a desarrollar un esquema general de comprensión acerca de los significados de la homofobia, así como sus implicaciones patológicas a nivel social, por lo cual se concluyó que la mejor forma de interpretar esta problemática tan compleja es comprenderla y abordarla desde la raíz que está presente entre el tejido de la violencia. En esta tercera parte se pretende profundizar sobre dichos fenómenos además de contextualizar el daño contra en colectivo LGBT desde su espacio natural: la sociedad.

La violencia es un acto en el que se obra de manera que su fuerza e ímpetu van contra la voluntad de otra persona, así que esta potencia se extrema al punto de coartar la libertad y sano proceder de otro. Desde las esferas del análisis sociofamiliar, la violencia es un ejercicio de poder mediante el uso de las fuerzas de cualquier índole para solucionar problemáticas interpersonales o masivas. En esta operación se intenta doblegar la dignidad e integridad del atacado al punto que éste pueda ceder ante la posición del verdugo. Generalmente esto es visto desde una perspectiva desigual, pues mientras que el victimario posee los recursos suficientes para obtener y/o mantener el poder se podrá mancillar a la víctima, quien por lo general no cuenta con todos los medios suficientes para hacer frente al atacante.

¿Cuál poder está en juego?. El tipo de poder manejado se puede entender desde las significaciones sociales que estén involucradas en la convivencia y comunicación colectiva, así que el “manoseado” poder toma forma de economía, ideología, proceder o protección, siempre que se vigile vehemente el beneficio del ofensor. En el caso de la homofobia, se pueden asegurar las relaciones heterosexuales pues este comportamiento beneficia a sectores con determinado estilo de pensamiento o intereses institucionales. Recordar que uno de las advertencias comunes es que la comunidad LGBT hace peligrar la procreación y “el futuro” de las nuevas generaciones. Si cada vez se acepta en mayores volúmenes la diversidad sexual se ocasionaría la innovación de la identidad cultural, se formularía la idea de una libre y soberano ejercicio de una sexualidad responsable y definiría mejor la importancia de la hetero y la homosexualidad en los patrones de las masas, ya sea en lo social, político, económico y cultural.

En las organizaciones se presenta un abierto y acalorado debate por el poder y por el patrón que “se necesita” reproducir, pues también se involucran los sujetos que están envueltos en dichas instituciones.

Uno de las fórmulas que son imprescindibles para que la violencia, en este caso la homofobia, pueda suceder, es la ignorancia de quienes integran una sociedad, la falta de información, de reflexión y de revisión concienzuda de los medios de vinculación en que se recibe y procesa la educación social. La resistencia de aquellos quienes están envueltos en esa amplia comunidad de la diversidad sexual se torna vital, a veces como si fuese una supervivencia, pues se busca un espacio para vivir en plenitud. Por ello es que algunos psicoanalistas y psicólogos han establecido que una de las grandes condenas de las sociedades occidentales es la dialéctica amo – esclavo, ya que el homófono busca cercenar todo aquello que pudiese ser un medio de acceso al poder, como son la libertad de expresión y de proceder, por mencionar algunos. Por ello, y en utilización de esta ignorancia de cómo es el ámbito gay en todas sus lecturas posibles, se busca malignizar las acciones de los homosexuales, así que todo paso dado será repulsivo.

La ventaja de la homofobia para sus partidarios es la patología de los grupos, es decir, la excesiva cohesión entre los detractores de la diversidad sexual permite no asumir responsabilidades, cometer agravios y consensuar actos que violan las normas éticas y legales. Mientras exista un atrapamiento colectivo, o sea un aferramiento vano e insustancial a pensamientos, creencias y decisiones irracionales, la población general no podrá acceder al conocimiento y reflexión sobre todo lo que implica la homosexualidad, pues bajo el estigma de “perverso”, nadie querrá aceptar la diversidad.

Se piensa que la homosexualidad es una franca oposición de la masculinidad y la feminidad, sin embargo, este aprendizaje resulta poco aplicable pues de ninguna manera debería existir una fricción entre estas entidades, sino que la inflexibilidad de la identidad y roles de género facilitan visualizar la inferioridad como sinónimo de mujer, y la diversidad sexual como un acto de corrupción, propio de seres perversos.

La importancia de la homofobia radica en el macrosistema, el cual se compone de las creencias culturales, especialmente relacionados con el “jefe de familia” y los roles de género que se asignan a los hijos, pues los varones son más valorados que las hijas, por ende, el predominio machista marca el estilo de vida de todos los integrantes de la sociedad, sobre todo en aquellos que se rigen por estas pautas. Cuando los hijos y las hijas no actúan los estereotipos de sociedad preestablecidos, en particular con su vida sexual, no es de sorprender la irrupción de violencia; mientras tanto el exosistema que se compone de los valores culturales que se hallan íntimamente asociados al entorno social próximo a los sistemas familiares, como son las instituciones educativas, recreativas, industriales, religiosas, de impartición de justicia, entre otras, también es la plataforma idónea de esta problemática. Por lo tanto la homofobia que nace en la familia encuentra sus antecedentes en estas áreas y retornan al mismo punto pero con cargas mayormente nocivas. Mucho se ha expuesto sobre la legitimación de la violencia, pues estas organizaciones reproducen el funcionamiento del modelo vertical y autoritario, ya que se usan los mismos métodos para resolver conflictos.

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