La importancia de la educación sexual en el colectivo LGBT (segunda parte)

En la segunda entrega de educación sexual se intenta ampliar los alcances de dicho aprendizaje, orígen de algunas problemáticas sexuales y a su vez, analizar las fases del descubrimiento y desarrollo de la homosexualidad. Analizar el debate actual de la salida del clóset según algunos discursos.

Fernando González • 18/02/2008

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A quienes pudieron disfrutar las mieles que otorga el día de San Valentín, recordarán que el amar es una acción compleja que en lo aparente parece simple y llana. No es así, recientemente en un reportaje de televisión mexicano se explicaban los factores bioquímicos que entran en el complicado juego de la pasión, no obstante siempre se estiman los enredados métodos psicológicos y sociales. Como se explicaba en la entrega anterior, la educación sexual comprende un amplio panorama en la idea firme de que la sexualidad es vital para la vida de todo ser humano, sus expresiones en la hetero, bi y homosexualidad, además de la abstinencia, son parte del cumplimiento de las fases del desarrollo, aunque cabe aclarar que siempre se enfatiza esta educación en los temas de reproducción y planificación familiar; todos los lances que aparecen en el curso del ser humano son de vital importancia y cada uno se integra conforme transcurre el tiempo.

La exploración y sensación de las partes anatómicas de construcción libidinal como lo es la boca y el ano posteriormente, se traslada al tocamiento genital y con ello la “temible” masturbación. A partir de una corta edad el ser humano se recrea en fantasías placenteras en base a la interacción con el medio ambiente, obviamente el contenido de estas fantasías se modifica conforme corre la persona en el sendero que el dios Cronos indica. Cuando las personas viven una detención significativa en alguna fase del desarrollo psicosexual, a luz de los estudios freudianos, se generan ciertas fantasías primitivas y la actividad sexual se limita a ciertas conductas en las que se vuelven garantías del placer, por ello se forman lo que antes se nominaban perversiones y en la actualidad se estudian con el nombre de “parafilias” (Asociación Psiquiátrica Americana, DSM IV TR, 2002). En esta sección no se incluye la homosexualidad pues está comprobado que no es una enfermedad, aunque existan ciertos grupos y personas que quieran demostrar lo contrario mostrándose siempre leales a un juicio que no obedece a la razón, más bien a un prejuicio terrenalmente irracional.

Cuando el niño o niña se da cuenta a cierta edad de que existe un cierto tipo de atracción hacia personas de su mismo género y empieza a observar que la sociedad lo castiga severamente, puede reprimirse al punto de negar cualquier sensación de erotismo o placer, puede despertar sensaciones paranoides acerca de la opinión de los demás y a lo mejor escenifique una vida que no sería 100% honesta. Callar siempre resulta riesgoso, pues el silencio extremo puede sobrepasar todo límite personal y esto desembocaría en una posible alteración psicológica que traería consecuencias poco favorables a su bienestar como lo son reacciones ansiosas o depresivas, entre mucho por discutir.

Ahora bien, desde la década pasada ocurre un lío opuesto totalmente que es la declaración abierta (o ¿desenfrenada?) de la orientación, produciéndose un monumento de piedra confusa al momento de que las personas cambian radicalmente su apariencia, en todo discurso hacen alusión a su sexualidad, y hasta concentraciones de adolescentes se afirman “gays” sin siquiera estar conscientes de aquello que expresan. Salir del closet en toda etapa de la vida, especialmente en la adolescencia, resulta difícil, no es una decisión fácil pues está vertida en un canasto de vicisitudes que en muchas ocasiones no está en manos de esa persona arreglarlas, sino en la respuesta del medio ambiente. No hay que fiarse en las líneas verbales que afloran sobre la necesidad de publicar su orientación para cultivar ambiente de tolerancia; es válido pensar de cualquier manera pero detenidamente las probables consecuencias. Por ello la emancipación a una edad adulta y concienzuda es el escenario más realista y por eso siempre se explica que la independencia es la mejor plataforma, pues la responsabilidad propia puede volverse un confiable aliado.

En la adolescencia, la educación sexual se torna ambigua si no se explica de la mejor manera, si es que la hay. Al joven le atrae la parte que aborda el acto sexual y los desnudos, a las autoridades de ese individuo transmitir lo que ellos entienden como educación sexual, así que pude ser sólo esquemática y/o parcial.

En la cultura hispanoamericana se subraya la necesidad de la virginidad en la mujer, mientras que en el hombre el cuidado de su virilidad ante todo: “esa sí es educación”, afirman algunos orientadores. Si esta “v” de virginidad – virilidad, tan receptiva, abierta desde el inferior indicando un superior, como si fuese sometida y pasiva ante un activo, fuese una “r” de responsabilidad o una “c” de conciencia social, otro sería el panorama. El chico o chica que entrad@ en la adolescencia se quiere matizar a sí mism@ con características del sexo opuesto en una postura de exploración es estigmatizad@ por todos los ambientes. Y este factor de INCOMPRENSIÓN es el que daña, unos padres y maestros que no desean apoyar, anhelan tapar carencias emocionales que son particulares de cada uno de ellos. La comunicación generacional dañada no es tertulia de nuestros tiempos, es una plasta antiquísima, sólo que anteriormente (y el día de hoy en algunos sectores y regiones) los matrimonios se daban a “temprana” edad, quizá bendecidos por la duda o la ausencia de experiencias que pusieran en marcha el funcionamiento del pensamiento de construcción de identidad, cosa que hoy sí sucede, lo que mejor se desea en muchos casos es “no pensar”, por ello las problemáticas sociales no mejoran sólo se actualizan.

Para terminar es importante preguntarse: ¿cómo evolucionó y evoluciona mi orientación sexual?, ¿en base a qué o a quienes?, ¿quienes me enseñaron la educación sexual?, ¿qué rol ejercían en mi vida estas personas?, ¿Dónde y cómo aprendí, y por ende decidí ejercer o no, el resto de la sexualidad que hoy llevo?. Se invita a los lectores a responder en la parte de comentarios si se desea hacerlo.

¡¡¡FELIZ SAN VALENTÍN TODOS LOS DÍAS DEL AÑO!!!

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