Carlos III... un viaje por la Historia a través de tres cuadros.

Claro es que he oído hablar del "mejor alcalde de Madrid", como se conoció al hermanastro de Fernando VI, y que conozco el Prado, la puerta de Alcalá o el Jardín Botánico como obras de su reinado... pero eso me parecen bagatelas, fachadas, detalles ruidosos que sirven de cortina a los auténticos salones, a los interiores mismos de sus años al frente de la nación. 

Guillermo Arroniz López • 25/02/2017

Carlos III, Mengs | Foto: Uso permitido

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Si he de empezar por alguna parte lo haré por la sinceridad. No es el siglo XVIII, ni son los Borbones, mis campos de conocimiento. No he centrado mis años de lecturas y esfuerzos a sus figuras, sus reinados, sus acontecimientos, logros y fracasos. Y acaso sea la época Napoleónica la que mejor conozco de ellos, sin duda por el arte de Goya y por los terribles sucesos y desafortunados monarcas que en aquellos momentos le tocó vivir a la nación Española.

Claro es que he oído hablar del "mejor alcalde de Madrid", como se conoció al hermanastro de Fernando VI, y que conozco el Prado, la puerta de Alcalá o el Jardín Botánico como obras de su reinado... pero eso me parecen bagatelas, fachadas, detalles ruidosos que sirven de cortina a los auténticos salones, a los interiores mismos de sus años al frente de la nación.

Y su figura es más controvertida de lo que parece en principio. Así, acostumbrado como he estado a oír hablar positivamente del hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio, no han faltado tampoco las opiniones que ponían en duda su inteligencia, como hiciera aquel maestro de Derecho Penal II que tuviera en la universidad y cuyo nombre no diré por si la memoria me engaña y la frase fuera de otro doctor de otra materia (para los curiosos diré que lo llamó "imbécil"). Ahora veo también que las opiniones de los "expertos" son diferentes al respecto... e incluso a veces vagas, imprecisas, como si no quisieran mojarse dando una clara versión de su pensamiento, algo que puede atribuirse al limitado espacio en que se expresan... o a su diplomacia no queriendo molestar a países vecinos con descripciones claras de lo que se ganó y se perdió durante este reinado y de quién o quiénes fue la culpa.

Así, en los textos explicativos que cuelgan en la exposición del Arqueológico (Carlos III Proyección exterior y científica de un reinado ilustrado) podemos leer cosas como "A diferencia de sus predecesores inmediatos en el trono, Carlos III implementó una política internacional cada vez más activa en el difícil panorama geoestratégico del siglo XVIII. Logrando mantener a España entre las naciones líderes de Europa". Dejando de lado el último punto que cambiaría por una coma, el sentido positivo de este análisis es obvio, y se ve reforzado por frases posteriores como "Su reinado supuso de este modo la consolidación de la organización del Ejército y de la Armada [...] como garantes de los intereses de la Corona y como medio para afianzar su dominio sobre los territorios bajo su soberanía en los diferentes escenarios continentales". El comisario de la muestra es D. Miguel Luque Talaván, a quien conocí hace muchos años atrás, en el entorno de la Biblioteca de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Y como sé bien que es un hombre que cuida el detalle de todo lo que hace y no da puntada sin hilo doy fe del serio trabajo de documentación que se habrá realizado antes de imprimir estos carteles y se habrán elegido bien las palabras.

Sin embargo en el XL SEMANAL, suplemento de los domingos del periódico ABC, leo el 5 de Febrero un artículo de Juan Eslava Galán, que acaba de publicar en Planeta "Historia de España contada para escépticos", y en dicho artículo se dice: "En la política exterior, el reinado de Carlos fue menos afortunado. Aunque era amantes de la paz, se vio implicado muy contra su voluntad en la guerra familiar de los Borbones franceses contra la rapaz Inglaterra, a la que tuvo que ceder la Florida, pero luego la recuperó tras auxiliar a las Trece Colonias [...]".

¿Son testimonios o interpretaciones realmente contrapuestas? ¿A quién creer?

Y entonces uno se enfrenta a tres retratos del monarca pintados por tres grandes de la Historia de la pintura: Rafael Mengs, Salvador Maella y Francisco de Goya y Lucientes. E intenta leer en ellos algo más sobre la psicología del monarca... Y también innegablemente se encuentra con la personalidad y las corrientes artísticas que dominaron las vidas de los tres pintores.

Si uno se fija en las fechas de nacimiento (1728, 1739 y 1746 respectivamente), ya puede intuir las diferentes épocas que los tocó vivir. Hay casi veinte años de distancia entre Mengs y Goya. Pero hay mucho más que veinte años (hay quien llegó a vivir la invasión de las tropas Francesas y hay quien no). Hay dos estilos diferentes: Mengs y Maella bajo su ala son máximos exponentes del Neoclasicismo, buscando un ideal de belleza y por lo tanto presos de una cierta rigidez que, hasta cierto punto, encaja bien con el retrato real y su objetivo propagandístico (hay que recordar que se hacían copias de estos cuadros para otras cortes Europeas, por lo que nada debía dejarse al azar, cada detalle contaba y podía significar mucho).

El primero de los tres, y el que marca la imagen "oficial"del monarca que luego será reproducida una y otra vez es el de Mengs, firmado en 1765. Hace pareja con el retrarto de su esposa, María Amalia de Sajonia. Aunque se trate de un Borbón y el aparato de fondo nada tenga que ver con el de Felipe II, no puedo evitar pensar en esa imagen del rey guerrero que curiosamente no fueron en persona ninguno de los dos como sí lo fuera Carlos I, el último emperador coronado por un Papa, el último monarca "caballeresco". Dice Juan Eslava Galán que "En realidad, el rey nunca vestía armadura ni tuvo más contacto con las armas que por su afición a la caza". Sin embargo sí parece que dirigió los ejércitos en la batalla de Gaeta contra los Austriacos en la guerra por la sucesión al trono de Polonia. ¿Qué veo yo en el cuadro? Un Borbón poco agraciado, de nariz prominente (¿cómo sería pues en realidad?) cargado con símbolos de poder y sin embargo sobre todo alguien de mirada bonachona, alguien por cuyo rostro corre la luz, sin tapujos, sin barroquismos. Alguien... quizá aburrido: que hace lo que debe hacerse, que da órdenes a quien puede cumplirlas, que ama a quien tiene que amar (a su esposa, tras cuyo fallecimiento, según dicen, no conoció más mujer). Y sin embargo alguien que ha luchado por ser rey... un buen rey.

También dice Eslava Galán que "En su más famoso retrato, el del Museo del Prado, Mengs lo reproduce sin misericordia alguna: feo, ojos ahuevados, enorme nariz borbónica, estatura media, enteco, tez apergaminada y algo cargado de espaldas. Y una media sonrisa burlona como si nos dijera: 《Ya veis a lo que me obliga el cargo》". Y en este punto no podemos estar más en desacuerdo con el análisis: seguro que Mengs suavizó la realidad en búsqueda del ideal.. y seguro que Carlos III, quien tanto se esforzó por su corona Española (en el sentido de ejercer en otros territorios aprendiendo las labores del buen monarca), asumiría con entereza las obligaciones y deberes que se derivaban de ser la cabeza del Estado.

El rostro es casi idéntico en el lienzo de Salvador Maella, aunque han pasado muchos años de uno a otro, casi veinte... Y neoclásico también es. Pero hay notables diferencias. Para empezar es un retrato de cuerpo entero y el decorado palaciego que le sirve de fondo es aún más grandilocuente. Además ya no hay armadura. Viste el monarca con el hábito de la Orden de la Inmaculada Concepción, llamada también de Carlos III, al ser él mismo su fundador. El cuadro me recuerda -y la relación es ya mucho más clara y menos subjetiva que la anterior- al que hiciera de Luis XIV Hyacinthe Rigaud en 1701. Aunque miran hacia el lado opuesto ambos reyes tienen palacio de fondo, una gran columna, y han sido retratados de cuerpo entero. La corona, por supuesto, también está presente. No hay que olvidar que Carlos III era hijo de Felipe V, y por lo tanto nieto del Rey Sol (es decir el mencionado Luis XIV). No hay en Carlos III, sin embargo, ese gesto de arrogancia y superioridad que caracteriza a su abuelo, sino una solidez basada en la lógica y una cierta sonrisa de nuevo, digamos, bonachona, pero sin perder la dignidad ni la compostura.

Pero... entonces uno posa los ojos en el retrato firmado por Goya, según parece el primero que pintó del monarca con lo cual es muy probable que éste no posara para el de Fuendetodos, sino que fuera pintado partiendo de otros cuadros y de la excepcional memoria de Goya, y al hacerlo, al detenernos en esta imagen... las cosas toman otro cariz. Al pintor aún le faltaban años para que la enfermedad lo atacara y lo dejara sordo, con una visión interior que se multiplicó y se oscureció. Y también le faltaban años para ser el Primer Pintor de Corte o para salir del ámbito de protección de Bayeu, su suegro, y de la supervisión de Maella y Mengs en las actividades de pintura de cartones para tapices. Aún faltaban años para que pintara cuadros de forma independiente, sin encargo de por medio, y estaba lejos de haber mostrado todo su talento... y sin embargo... sin embargo ya en sus cartones se podía notar una mayor naturalidad que en otros, una menor rigidez, por mucho que su formación estuviera marcada también por el neoclasicismo. La verdad aflora en Goya: el rey va vestido con sus mejores galas, con los collares de las órdenes del Toisón de Oro, Saint-Sprit y Carlos III... y en este sentido queda claro su alto linaje valor pero muchas cosas me dicen que acudimos a ver a otro monarca, a otro hombre: aunque el rostro es semejante al de Mengs y Maella en lo que a rasgos se refiere, ya no brilla por la blancura de su piel sino que nos muestra una cara curtida por las horas de sol que tomó durante la caza que tanto practicó; las arrugas se han marcado como corresponde a un hombre de su edad; y me permito ver también una postura corporal que también habla del tiempo pasado, con los brazos algo separados del cuerpo, como haciendo un poco de equilibrio para compensar una espalda algo curvada (algo que no aparecerá de forma tan marcada en el retrato que algo más tarde el propio Goya pintaría del rey en pleno ambiente cinegético).

A pesar del bastón de mando y la riqueza de los ropajes no me parece estar frente a un rey, quizá ni siquiera frente a un ministro, sino más bien frente a un hombre mayor, un mayordomo quizá, que sonríe un poco ausente. Obviamente los protagonistas no debían verlo así: siendo éste el primer retrato que Goya hiciera de Carlos III sin duda buscaría impresionarlo para que lo nombrara pintor del rey, como así sucedería... luego, ¿qué es lo que yo no soy capaz de entender pero sí lo fueron los personajes de la época?¿Cómo hemos cambiado la percepción del mensaje de la obra?

Tres pintores, un mismo estilo artístico y tres retratos muy diferentes que nos ofrecen tres visiones de la misma persona cubierta de símbolos... Los tres conocieron a este Borbón en persona y los tres nos dan versiones muy distintas de una misma autoridad y una misma psicología... aunque en el último caso cambiada por los años. ¿Cómo no íbamos a interpretar de formas diferentes, dos siglos después, a la persona y su legado?

La Historia es, sin duda, ese apasionante viaje de conocimiento (o lucha por obtener el conocimiento) que más nos devuelve cuanto más acudimos a ella. Y yo, cada día, me siento más enganchado a su dulce trampa de lo que fue o no fue y hemos "recreado" para creerlo así... ¿Me acompañáis en la próxima escapada?

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Guillermo Arroniz López

Guillermo Arróniz López es escritor, escritor y escritor. Y cuando le queda algo de tiempo, escribe. Ha colaborado como crítico de Literatura y Espectáculos en El Librepensador y como responsable de la sección de Literatura de la revista Empresas Gay Friendly & The City. Ha publicado la novela «Epitafio del Ángel», a la que siguió una colección de nanorrelatos históricos. La editorial Egales publicó «Pequeños Laberintos Masculinos», su primera colección de relatos gays y colaboró con otro relato gay de trasfondo histórico en el libro coral «Tiempo al tiempo» con la editorial Stonewall. Tras eso ha publicado tres poemarios donde la Historia y el Arte tienen mucho que decir: «Los Príncipes de Catorce Versos», «De verso en Greco» —presentado en el museo Cerralbo de Madrid, en el Museo del Greco de Toledo y en el Santuario de Illescas— y «Al amparo de unos dioses ajenos». Ahora está embarcado en llevar recitales a los museos de España, añadiendo a los ya citados el Museo de Santa Cruz, de Toledo.

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