El cementerio de Moix. Sueño y homenaje.

He visitado no pocos cementerios en mi vida. Desde el de San Lorenzo en Roma y el Monumental de Milán hasta el de Sighisoara, en la ladera del monte, dispuesto en terrazas. He paseado por las dos mitades del Highgate en Londres, una de ellas por mi cuenta, la otra en una visita guiada que me dejó sin ver la tumba de Elisabeth Siddal, la musa de los prerrafaelitas, ya que su familia prefiere que se mantenga privada. He estado en osarios en Sedlec y en la bellísima ciudad de Évora, en la ciudad de los Sforza y en la cripta de los Capuchinos en la Ciudad Eterna. Uno de ellos es escenario de parte de la acción en mi novel "Epitafio del Ángel", en la pequeña y coqueta localidad de Lewes donde un monumento a los soldados de Crimea me hizo soñar por primera vez con escribir una novela histórica, y he peregrinando a la tumba se Rimbaud en Charleville.

Guillermo Arroniz López • 31/10/2014

Sighisoara | Foto: Uso permitido

viajes cementerios terenci moix novela literatura homenaje italia barcelona alejandría gay homosexual portugal évora egipto

He visitado no pocos cementerios en mi vida. Desde el de San Lorenzo en Roma y el Monumental de Milán hasta el de Sighisoara, en la ladera del monte, dispuesto en terrazas. He paseado por las dos mitades del Highgate en Londres, una de ellas por mi cuenta, la otra en una visita guiada que me dejó sin ver la tumba de Elisabeth Siddal, la musa de los prerrafaelitas, ya que su familia prefiere que se mantenga privada. He estado en osarios en Sedlec y en la bellísima ciudad de Évora, en la ciudad de los Sforza y en la cripta de los Capuchinos en la Ciudad Eterna. Uno de ellos es escenario de parte de la acción en mi novel "Epitafio del Ángel", en la pequeña y coqueta localidad de Lewes donde un monumento a los soldados de Crimea me hizo soñar por primera vez con escribir una novela histórica, y he peregrinando a la tumba se Rimbaud en Charleville. He visto la Almudena y la Sacramental de San Isidro, faltaría más, que para eso soy gato de pura cepa y mi "pueblo" siempre fue la capital de donde proceden, por parte de madre, hasta mis bisabuelos. Cada uno de todos ellos y otros muchos por cuyos bellos paseos de paz me he perdido como en San Miniato al Monte, tan museo de escultura y arquitectura al aire libre como sus dos compatriotas, los que abrían estas líneas, merecen un artículo por sí mismos... o decenas de artículos. Su riqueza espiritual, cultural y artística es una inconmensurable combinación donde la finitud del hombre se hace eterna cuando se sublima. Uno de los mayores legados del ser humano para su descendencia, para el ser humano.

En tu caso, Terenci, la herencia fue construida en un mausoleo de letras que a través de sus treinta y tres piedras y sus cientos de pequeños adornos, nos llega sin más límites que perseguirte en las librerías de lance. Quizá por eso no has dejado tumba que no sea el aire, el olor a los libros, la ceniza que todos somos, el polvo primigenio del que el demiurgo nos creó. O quizá porque no habrías podido elegir entre el hipogeo en la gran montaña o la mastaba del funcionario de palacio, poblado de relieves tan delicados como la piel de esos pechos que siempre soñaste. Entre la capilla gótica en lo alto del escarpado monte o la iglesia románica donde quizá ideaste El demonio. Entre el gran aparato de un monumento funerario de estrella de cine de los cincuenta (o incluso del cine mudo) y el neoclásico estilo que un Cánova hubiera imprimido para la propia Venus Bonaparte. Entre un montaje papirofléxico de “popismo” del cómic y un pastiche de cartón piedra digno de la escenografía de una ópera de Verdi. Entre una torre de pecados, una torre soberbia que aspirase al cielo de los ángeles más sexuales nunca imaginados y una lápida burguesa de la Barcelona que creyó parir aunque tú, todos lo sabemos, hubieras nacido en la más ptolemaica de todas las Alejandrías.

Conocí a Terenci Moix en una de las últimas ferias del libro de Madrid a las que acudió, antes de que el mundo editorial se fuera por el retrete con los formatos digitales y todo el mundo leyendo frases absurdas por las redes sociales camino del trabajo en vez de su último libro. Me acerqué allí con una mochila y trece volúmenes (todos los que tenía entonces). También llevaba una lista con los títulos, con la idea de que eligiera uno de ellos para firmármelo. Es decir, no pretendía que me firmara trece veces, sino que eligiera, de todos, su favorito. Sería lo más personal. Yo era un universitario. Podría tener veintiún años quizá. Me temblaba todo el cuerpo y apenas tenía voz. ¡Me faltaba la presencia de ánimo a mí que nada me da vergüenza! Y el gran Moix hizo esperar a toda la cola por hacer doce más una dedicatorias, incluyendo pirámides y palmeras, palabras y fechas… (años, más bien). Recuerdo que por entonces intentaba dejar de fumar… y tenía una especie de cenicero o plato de cristal con pasas. Me decía:

- Come pasas, están muy buenas.

Y, mirando la lista que le había llevado, me preguntaba:

- ¿Me estás diciendo que has traído todos estos libros?

Y yo, apenas con un hilillo de pájaro herido, contestaba, como con reverencia hacia un padre que se venera:

- Sí, pero no pretendo que me los firmes todos.

- ¿Seguro que no eres de un kiosco?

Y yo sonreía y negaba. Entonces los veía subrayados y yo me avergonzaba:

- Ahora ya no los subrayo, pero entonces…

Él miraba el ejemplar de “Terenci del Nilo” y yo decía:

- Es uno de mis favoritos.

- También de los míos… ¡pero no esta edición! –añadió como con algo de pena. Y lo firmó, con su rotulador azul.

Era una tarde luminosa y para mí el mundo había enmudecido.

Nunca lo volví a ver en persona, pero al menos puedo decir que he convivido muchas horas con su genio, con sus hijos, con su carne de papel y tinta.

Querido Terenci, ¿en qué tumba puedo ir a dejarte flores si estás en Barcelona en Deir-el-Medina y en Alejandría? ¿En qué cementerio se te rendirá tributo con fotos de James Dean y Sal Mineo y cajetillas de Ducados como a otros se les dejan botellas de alcohol y rosas?¿En qué rincón de esa ciudad modernista y gaudiniana, fenicia y griega, imposible y cinéfila, amante de la ópera y la anarquía, burguesa y arrabalera, escenario Ocaña y trasfondo de tantas de tus obras? Imagino el collage de diferentes camposantos para recibirte adecuadamente, la mezcla, la amalgama, la suma de los superhéroes de la Marvel y los sacerdotes del Bajo Egipto, las puertas de un Rodin dando paso a unas avenidas con columnas en forma de papiro, el desorden de unas tumbas antiquísimas hechas de piedra amarillenta, polvorienta, y los nombres de las más egregias figuras de la cultura universal a cada lado hasta llegar a tu mausoleo imposible, atentado contra los cielos pacatos y los suelos demasiado firmes. Llevo demasiado tiempo sin leerte pero en mi próximo viaje a esa ciudad tan tuya como la de Cleopatra lo fue también moveré por fin mis ojos por esas líneas reservadas al último de tus libros que rescaté del polvo en una Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Como si depositara un poema mío en esa lápida que no existe…

He de confesar que nunca busqué otra edición de aquel libro sobre el viaje romántico a Egipto. Terenci, dondequiera que estés, sea este mi homenaje: buscaré esa otra edición y, si la encuentro, la leeré en voz alta, para llamarte, como dicen que los griegos llamaban a aquellos que se fueron al Hades y que a veces se aparecían frente a ofrendas de sangre. Pero mi ofrenda, por supuesto, será de letras…

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Guillermo Arroniz López

Guillermo Arróniz López es escritor, escritor y escritor. Y cuando le queda algo de tiempo, escribe. Ha colaborado como crítico de Literatura y Espectáculos en El Librepensador y como responsable de la sección de Literatura de la revista Empresas Gay Friendly & The City. Ha publicado la novela «Epitafio del Ángel», a la que siguió una colección de nanorrelatos históricos. La editorial Egales publicó «Pequeños Laberintos Masculinos», su primera colección de relatos gays y colaboró con otro relato gay de trasfondo histórico en el libro coral «Tiempo al tiempo» con la editorial Stonewall. Tras eso ha publicado tres poemarios donde la Historia y el Arte tienen mucho que decir: «Los Príncipes de Catorce Versos», «De verso en Greco» —presentado en el museo Cerralbo de Madrid, en el Museo del Greco de Toledo y en el Santuario de Illescas— y «Al amparo de unos dioses ajenos». Ahora está embarcado en llevar recitales a los museos de España, añadiendo a los ya citados el Museo de Santa Cruz, de Toledo.

Comentarios

Relacionado con Barcelona

Contactos en Barcelona Chat Gay Barcelona Chat Lesbianas Barcelona Guía Gay de Barcelona Noticias de España

También te puede interesar...

© Looping Media, S.L., 2007-2018
Condiciones de uso, privacidad y cookies
Quiénes somos | Publicidad | Ayuda y contacto