Chat

Contactos

Fotos

Guía

Ferrara, el viaje en ciernes.

Ferrara, Ferrara, ya casi por todos olvidada… La ciudad que hoy me ocupa fue una de las cortes brillantes del Renacimiento Italiano (con mayúsculas, of course). Como Mantua, Urbino… Y sin embargo a casi todas ellas se las han tragado las famas de Florencia y Venecia, y a otro nivel Milán. Mi interés por esta urbe no nace en ella misma sino en una de sus habitantes ilustres: Lucrecia Borgia.

Guillermo Arroniz López • 01/03/2013

Lucrecia Borgia

ferrara italia florencia renacimiento arte borgia lucrecia viajar viajes pintura dosso dossi

Ferrara, Ferrara, ya casi por todos olvidada…

La ciudad que hoy me ocupa fue una de las cortes brillantes del Renacimiento Italiano (con mayúsculas, of course). Como Mantua, Urbino… Y sin embargo a casi todas ellas se las han tragado las famas de Florencia y Venecia, y a otro nivel Milán. Mi interés por esta urbe no nace en ella misma sino en una de sus habitantes ilustres: Lucrecia Borgia.

La mujer más calumniada de la Historia, probablemente, leyenda cristalizada, símbolo de la perversidad femenina y del veneno gracias a Víctor Hugo, Donizetti y Apollinaire, entre otros, tuvo una vida más allá de Roma, donde su supuesto padre, el Papa, la dio educación y maridos: un Sforza, un Bisceglie (Aragón), y finalmente un d’Este, que la vincularía a la corte ferrarense hasta el final de sus días. Casada con Alfonso d’Este, se convirtió en duquesa más adelante e incentivó la vida cultural y artística de la ciudad, llegando incluso a empeñar sus joyas y sus vestidos para dar de comer al pueblo cuando, enfrentada la ciudad-estado al Vaticano, se vio empobrecida y al borde del abismo.

Fue también esta mujer a la que se dedicaron los poemas Gli Asolani, de Pietro Bembo, quien llegaría más adelante a cardenal; y fue con este poeta con quien mantuvo una interesante y romántica correspondencia que Byron, el poeta romántico, quien la descubrió tres siglos y medio más tarde, bautizó como “las cartas de amor más hermosas del mundo” ("The prettiest love letters in the world").

Busco pues en esta ciudad las huellas de un personaje histórico que se ha convertido en literario, legendario, mítico y simbólico por multitud de circunstancias. Busco sus paseos por los pasillos del castillo d’Este, aunque me consta que su interior a cambiado mucho y nada queda del studiolo que su marido mandó hacer; busco sus etapas de retiro espiritual en el convento del Corpus Domini, donde además encontraré su tumba (una sencilla lápida con una inscripción); busco en la catedral quizá alguna de las misas a las que, piadosa como mandaba la época, atendió con respeto y devoción. Y busco también la casa de Ariosto, el autor del Orlando furioso, aquel “best-seller” del Renacimiento que hoy casi nadie lee, y en el que se cita a la propia Lucrecia en un par de ocasiones.

¿Será esta casa el invento de algún romántico, que ha querido recuperar el sabor de la época reconstruyendo, trayendo muebles de aquí y de allá e intentando documentarse en los sencillos ajuares de la época? ¿O será por el contrario la auténtica mansión donde realmente el bardo escribió su obra para regocijo de la corte? ¿Tendrán quizá alguna primera edición de su gran obra? Parece ser, por lo que leo, que la mandó construir al final de su vida, que en ella escribió la tercera parte de su libro de fama y que en su jardín cultivaba rosas y jazmines… Sólo por visitarla y oler, espiritualmente, la tinta con la que llenó tantas y tantas páginas, merecería la pena el viaje.

Creo que la urbe me depara sorpresas, hallazgos imprevistos. Quizá mis esperanzas de encontrar bibliografía especializada se vean tan defraudadas como en otros viajes –baste pensar en los poemas de Sissi que busqué incansablemente por Viena y no encontré ni siquiera en el museo que sobre su persona alberga el palacio Hofburg. Pero sin duda podré soñar con sus famosos personajes, con su época de esplendor, rastreando en sus calles los antiguos edificios, los cuadros de Dosso Dossi (aunque alguno he visto ya en la National Gallery de Londres…), y quién sabe qué otras obras de sus contemporáneos entre los tapices y muros del castillo, fortaleza terriblemente medieval, testigo de traiciones y castigos ejemplares.

En mi camino en pos de estos espíritus pasaré por la ciudad donde nació ese Renacimiento (o así ha quedado consignado), Florencia, a la que dediqué una tercera parte de aquel inocente poemario llamado “Cantos a Italia”. Venga aquí un nuevo soneto a reverdecer las ramas de aquel impulso juvenil que el influjo italiano produjo en mí hace ya suficientes años como para tener solera:

Florencia. Volver al hedonismo inabarcable;

romper el ritmo fiero de la vida

que mata con su sosa acometida

sus pasos siempre en círculo inefable.

Volver a la belleza inagotable,

al cuerpo del talento sin medida,

cruzando en pura extática estampida

las puertas de un edén bronce palpable.

Umbral de la ciudad más admirada,

matriz renacentista y esplendente.

Regreso a ti con alma devorada

por sucio pragmatismo deprimente.

David me salvará con su pedrada

del fuego ceniciento de la mente.

Las opiniones vertidas por los colaboradores de Universo Gay no se corresponden necesariamente con las de la empresa editora, siendo responsabilidad exclusiva de quienes las firman.

Acerca de Guillermo Arroniz López

Guillermo Arróniz López es escritor, escritor y escritor. Y cuando le queda algo de tiempo, escribe. Ha colaborado como crítico de Literatura y Espectáculos en El Librepensador y como responsable de la sección de Literatura de la revista Empresas Gay Friendly & The City. Ha publicado la novela «Epitafio del Ángel», a la que siguió una colección de nanorrelatos históricos. La editorial Egales publicó «Pequeños Laberintos Masculinos», su primera colección de relatos gays y colaboró con otro relato gay de trasfondo histórico en el libro coral «Tiempo al tiempo» con la editorial Stonewall. Tras eso ha publicado tres poemarios donde la Historia y el Arte tienen mucho que decir: «Los Príncipes de Catorce Versos», «De verso en Greco» —presentado en el museo Cerralbo de Madrid, en el Museo del Greco de Toledo y en el Santuario de Illescas— y «Al amparo de unos dioses ajenos». Ahora está embarcado en llevar recitales a los museos de España, añadiendo a los ya citados el Museo de Santa Cruz, de Toledo.

Comentarios

También te puede interesar...

Más en ViajARTE

© Looping Media, S.L., 2007-2019
Condiciones de uso, privacidad y cookies
Quiénes somos | Publicidad | Ayuda y contacto